Lo que debía ser el primer día hábil de la “república catalana” arrancó con una foto de Instagram, como si el procés hubiera entrado en la fase adolescente. El expresident Carles Puigdemont, difundió una imagen en la que podía distinguirse la cubierta del Palau de la Generalitat pero con nubes que parecían de atrezzo a esa hora de la mañana en la que el cielo estaba totalmente despejado en Barcelona. Luego se supo que la foto era de archivo y a partir de ahí la jornada solo podía empeorar.

En la Plaza de Sant Jaume seguían grupos de cámaras perfectamente alineadas para captar la imagen de Puigdemont entrando a su despacho para resistirse, intentando acceder ante la negativa de los Mossos, saliendo ya con sus pertenencias en una caja… Todas las quinielas estaban abiertas, pero el plan de la prensa -también de las decenas de corresponsales extranjeros que siguen cubriendo la actualidad catalana- era recabar algún síntoma de que la monarquía parlamentaria había pasado a la historia en este territorio.

La penúltima evidencia había sido la celebración en esa misma plaza de Sant Jaume el viernes pasado cuando una multitud salió a celebrar hasta altas horas la proclamación unilateral de independencia. Los tejados del Palau no mostraban este lunes pistas de una nueva era porque aunque no salía en la foto de Puigdemont, ahí seguía ondeando la bandera española, al lado de una senyera sin estrella alguna.

Así que el primer síntoma de resistencia llegó a través del timeline del conseller de Territori, Josep Rull, quien alardeó en su perfil de Twitter“En el despacho ejerciendo las responsabilidades que nos ha encomendado el pueblo de Cataluña. #seguimos”.

Su estancia en la sede del Govern no duró mucho, después de que una pareja de Mossos le alertase de que permanecer allí entrañaría un delito de usurpación de funciones, después de que el gabinete de Puigdemont fuese destituido por el Gobierno de Rajoy el pasado viernes en aplicación del artículo 155 de la Constitución. Menos de una hora después de haber entrado por una puerta lateral, Rull abandonó la sede institucional a la que no regresó en todo el día.

La segunda pista de que la proclamada república podía seguir adelante nunca llegó a serlo. La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, también anunció en sus redes sociales que se encontraba trabajando como en una jornada normal. Pero su puesto como presidenta de la Diputación Permanente -el órgano que ordena los trabajos de la Cámara entre sesiones- nunca había estado en discusión. Y a media mañana Forcadell dio por hecho que el Parlament había sido disuelto y asumía así la vigencia de la ley española y del artículo 155.

De los decretos que según la hoja de ruta programada el viernes debían firmarse para empezar a desarrollar la república no hubo noticias.

Entretanto, dirigentes del Govern seguían despidiéndose de sus equipos en Catalunya y fuera. Como el representante ante la Unión Europea, Amadeu Altafaj, que en su carta a sus colaboradores incluyó reproches a las instituciones comunitarias por dar la espalda al independentismo: “Muchos catalanes se sienten a menudo decepcionados por la Unión Europea. Pero quiero decir que Europa es nuestra, Europa somos nosotros también, los 7,5 millones de catalanes”.

Manteniendo la ficción

La prensa que no estaba esperando a Puigdemont en el Palau de la Generalitat se fue a buscarlo a la sede de su partido que celebraba comité nacional. Tampoco por allí asomó el expresident. Sí acudió Rull, el único conseller que parecía mantener la ficción de que la república sigue su curso insistiendo en que él mantiene su agenda.

A mediodía, todo ese Govern que no aparecía por ningún lado recibió un mensaje por televisión. El fiscal general del Estado, José Manuel Maza, en una comparecencia sin preguntas confirmó lo que llevaba semanas anunciando a la prensa: que acusa a todo el Gobierno de Puigdemont, de rebelión, el delito más grave que podía atribuirle penado con hasta 30 años de prisión.

Maza no se quedó a explicar cuáles son los episodios de violencia que justifican tal calificación porque su declaración duró cuatro minutos de reloj que no dieron tiempo a leer 234 folios de querellas. Por si había dudas, el archivo que el ministerio público envió a los medios de comunicación con las denuncias alguien lo había titulado en la secretaría técnica de la Fiscalía como “más dura será la caída”.

Para entonces ya habían salido los dos partidos que formaban el Govern a desdecirse de su promesa de que no participarían en unos comicios convocados desde Madrid. El portavoz de Esquerra Repúblicana de Catalunya, Sergi Sabrià, anunció que aunque consideran “ilegítima” la convocatoria de elecciones para el 21 de diciembre, al partido “no le dan miedo las urnas” y decidirá cómo participa en esos comicios: si presentando candidatura o no haciéndolo. La coordinadora del PDeCAT, Marta Pascal, retó directamente al presidente del Gobierno: “Señor, Rajoy, nos vemos en las urnas”. La idea, explicó Pascal, es hacerle frente al 155 en las autonómicas. Ni siquiera la CUP ha descartado participar en ellas, tal y como admitió su diputada Mireia Boya.

El giro de guión definitivo llegó con la noticia adelantada por El Periódico de que medio govern incluido el presidente Puigdemont habían volado a Bélgica. Fue la evidencia definitiva de que si hay restos de alguna república, no están en Catalunya.

A última hora reapareció Oriol Junqueras en el informativo nocturno de TV3, una institución que tampoco puede atribuirse a la república porque ya estaba de antes y aunque el Gobierno de Rajoy amagó con intervenirla “para garantizar la pluralidad”, finalmente no lo hizo. Junqueras defendió en la tele que él y el resto del Gobierno siguen trabajando y que eso es lo que hacen también sus compañeros en Bruselas. Fue un anuncio abstracto y él mismo aseguró que los detalles los deberá explicar el propio Puigdemont. La comparecencia del expresident según trascendió ya por la noche será a las doce y media del martes “en un lugar no especificado de Bélgica”.

La CUP mantiene esperanzas de que las instituciones de la república independiente que no se vislumbran en Catalunya sí funcionen en el exilio. De ahí que su diputada Mireia Boya pidiese este lunes en Barcelona acciones republicanas: “Ya sea desde aquí o desde Bruselas”.

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