WASHINGTON.- El escándalo Rusiagate golpeó como nunca antes a la presidencia de 唐纳德·特朗普 y desató un terremoto político en Washington al dar un giro histórico y explosivo: por primera vez, tres hombres del presidente fueron imputados y arrestados, y uno de ellos aceptó haber mentido sobre sus contactos con el gobierno de 弗拉基米尔·普京

Paul Manafort (derecha), el ex jefe de campa?a de Trump, y su socio Rick Gates (izquierda) junto con Ivanka Trump y el presidente en un acto de 2016
Paul Manafort (derecha), el ex jefe de campa?a de Trump, y su socio Rick Gates (izquierda) junto con Ivanka Trump y el presidente en un acto de 2016. Foto: AP / Evan Vucci

Robert Mueller, el fiscal especial que lidera la investigación sobre la injerencia de Rusia en la última elección presidencial, acusó de una docena de crímenes al ex director de campaña de Trump, Paul Manafort, a su socio, Richard Gates, y cerró un acuerdo con un ex asesor de política exterior del mandatario, George Papadopoulos, quien brindó a cambio el recuento más detallado conocido hasta ahora de los contactos con el Kremlin.

Papadopoulos dijo que se reunió con la “sobrina de Putin”, y que los rusos ofrecieron “mugre” sobre Hillary Clinton, rival de Trump.

Las acusaciones de Mueller marcaron una dramática escalada en la trama rusa al canjear trascendidos por evidencias y acusaciones concretas -para muchos, apenas la punta del iceberg- en cuatro escritos judiciales que dejaron a la Casa Blanca a la defensiva, intentando desviar la atención o enterrar las sospechas despegándose con cualquier recurso de los acusados y el escándalo.

Manafort y su ex socio, Richard Gates, se entregaron tras ser acusados con 12 cargos, incluidos lavado de dinero, fraude impositivo y “conspiración contra Estados Unidos” por sus actividades de consultoría políticas entre 2006 y 2015, que incluyeron trabajos para el ex presidente de Ucrania, Viktor Yanukovych, cercano a Putin. Ambos se declararon inocentes ante un juez, y quedaron bajo arresto domiciliario.

“Perdón, pero esto fue hace años, antes de que Paul Manafort fuera parte de la campaña de Trump. ¿Por qué no son el foco Corrupta Hillary y los demócratas?”, tuiteó Trump. “…Además, ¡NO HUBO COLUSIÓN!”, cerró, ayer por la mañana. Afecto a la verborragia, mantuvo el silencio el resto del día.

El abogado de Manafort, Kevin Downing, dijo que las acusaciones eran “ridículas”.

El testimonio de Papadopoulos pareció ser más dañino para la Casa Blanca. Papadopoulos aceptó cooperar y llegó a un acuerdo con los fiscales federales, al declararse culpable de mentir sobre sus contactos con el Kremlin. Papadopoulos habló con tres personas: un “profesor” radicado en Londres con “conexiones sustanciales” con “altos funcionarios del gobierno ruso”; una mujer a quien identificó como “sobrina de Putin”, y una persona en Moscú vinculada al Ministerio de Relaciones Exteriores del Kremlin.

“Los rusos tienen mugre sobre Clinton”, le dijo a Papadopoulos el “profesor”, según uno de los documentos judiciales. “Tienen miles de emails”, agregó.

Papadopoulos admitió haber mentido sobre “el alcance, el momento y la naturaleza” de sus comunicaciones con esos contactos durante un interrogatorio con investigadores del FBI en enero, apenas siete días después de que Trump asumió la presidencia. También borró su cuenta de Facebook, que contenía otras conversaciones.

Por ese entonces, los agentes del FBI, que todavía dirigía James Comey, a quien Trump luego echó, llevaban poco más de medio año investigando la intervención del Kremlin en la elección presidencial de 2016, incluido la posible existencia de “cualquier coordinación” entre la campaña de Trump y el gobierno de Putin.

“Es directa evidencia de que alguien de la campaña de Trump fue contactado por Rusia”, dijo Mark Warner, senador demócrata y número dos del Comité de Inteligencia, que también investiga el Rusiagate.

La Casa Blanca intentó despegarse de Papadopoulos y del escándalo, y se aferró a una estrategia que la prensa amigable a Trump desplegó en los últimos días: cargar contra Hillary Clinton.

“Hay pruebas claras de que la campaña de Clinton coludió con la inteligencia rusa para difundir la desinformación y difamar al presidente para influir en las elecciones”, dijo la vocera presidencial, Sarah Sanders. “Hemos estado diciendo desde el primer día que no ha habido evidencia de colusión entre Trump y Rusia, y nada en la acusación de hoy lo cambia en absoluto”, agregó.

Pero el nombre del presidente quedó plasmado en los escritos. Un ejemplo: el 21 de mayo de 2016, cuando Trump se encaminaba a obtener la candidatura presidencial, Papadopoulos envió un correo a un “alto miembro de la campaña” cuyo asunto decía: “Pedido de Rusia para reunirse con el Sr. Trump”. El correo incluía otro correo del contacto con la cancillería rusa y afirmaba: “Rusia ha estado ansiosa por reunirse con Trump desde hace bastante tiempo y me han buscado para discutirlo”.

El funcionario de la campaña respondió: “Discutámoslo. Necesitamos alguien que comunique que DT no va a hacer este viaje. Debería ser alguien de bajo rango para no mandar ninguna señal”.

Sanders intentó despegar a Papadopoulos de la campaña: “Fue sólo una posición voluntaria”.

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