El 31 de octubre de 2015 pasó un asteroide relativamente cerca de nosotros, a tan solo 486.000 km, 1,3 veces la distancia que nos separa de la Luna. El objeto se llama 2015 TB145 y se descubrió unos días antes –el 10 de octubre– desde Hawái con el telescopio Pan-STARRS, pero el hecho de que su máxima aproximación a nuestro planeta ocurriera en la Víspera de Todos los Santos ayudó a que también fuese conocido con el nombre de asteroide de Halloween.

Diversos equipos de astrónomos apuntaron sus instrumentos hacia 2015 TB145, incluida la propia NASA, que lo captó con los radiotelescopios de Green Bank (Virginia Occidental, EE UU) y de Arecibo (Puerto Rico). En algunas de las imágenes registradas por este último se llegó a observar que el asteroide en rotación se parecía a veces a una calavera humana debido a las condiciones de iluminación durante algunos momentos de su rotación.

Científicos europeos, entre los que figuraba el investigador Pablo Santos-Sanz del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), también organizaron campañas de observación del asteroide de Halloween para describir sus características. Los resultados los han publicado en la revista Astronomy & Astrophysics.

“Se trata de un asteroide cercano a la Tierra (NEA, por sus siglas en inglés) del tipo Apolo”, explica Santos-Sanz a Sinc. “La cercanía de este pequeño objeto implicaba un mayor brillo, así que decidimos estudiarlo con diferentes técnicas de observación: por un lado, utilizamos telescopios ópticos del Observatorio de Sierra Nevada en Granada, el Observatorio de Calar Alto en Almería y el Observatorio de la Hita en Toledo; y por otro, lo analizamos en el infrarrojo medio con el instrumento VISIR del Very Large Telescope (VLT) que tiene el Observatorio Europeo Austral (ESO) en Cerro Paranal, Chile”.

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Ilustración del asteroide 2015 TB145 o de Halloween, que se parece a una calavera humana bajo determinadas condiciones de iluminación. (Foto: José Antonio Peñas/SINC)

“De las observaciones desde España obtuvimos que el período de rotación más probable para este objeto es de 2,94 horas, es decir, que su día dura aproximadamente ese tiempo –explica el experto–; aunque no podemos descartar otra posibilidad: 4,78 horas, otra solución compatible con nuestros datos ópticos”.

Gracias a las observaciones en el infrarrojo medio tomadas desde el VLT los autores pudieron detectar la emisión térmica del objeto. Con esta información y un modelo termofísico se pudieron conocer diversas propiedades de 2015 TB145.

Santos-Sanz comenta algunas: “El tamaño del objeto está entre un mínimo de 625 m y un máximo de 700 m, su forma es la de un elipsoide ligeramente achatado, y la posición de su eje de rotación estaba aproximadamente perpendicular a la Tierra en el momento de su máximo acercamiento. Además, su inercia térmica (cantidad de calor que conserva y la velocidad con que lo absorbe o transfiere) es compatible con la de asteroides de tamaño similar”.

En cuanto a la reflectividad o albedo de la superficie de este asteroide, es alrededor del 5 o 6%, lo que significa que refleja aproximadamente entre un 5 o 6 % de la luz que recibe del Sol. “Esto implica que es muy oscuro, solo un poco más reflectivo que el carbón vegetal”, señala el astrofísico español.

Los investigadores confían en obtener más datos de 2015 TB145 en su próximo acercamiento a nuestro planeta, que se producirá en noviembre del 2018, aunque esta vez pasará mucho más lejos que la vez anterior, a unas 105 veces la distancia media Tierra-Luna. “Aunque este acercamiento no será tan favorable, será suficiente para conseguir nuevos datos que podrían ayudar a mejorar nuestro conocimiento sobre este cuerpo y otros similares que se aproximan a nuestro planeta”, apunta Santos-Sanz.

“Ahora mismo se encuentra a unas 3,2 unidades astronómicas de la Tierra (o sea, a 3,2 veces la distancia media Tierra-Sol) –añade–, y tiene una magnitud de 26,2, lo que significa que sólo es visible con grandes telescopios desde tierra o con telescopios espaciales”.

Los científicos piensan que el asteroide de Halloween podría ser en realidad un cometa extinto que ha perdido sus compuestos volátiles después de numerosos pasos alrededor del Sol. En general los asteroides y los cometas se distinguen por su composición (más rocosos y metálicos los primeros y con mayor proporción de hielo y algo de roca los segundos) y por su tipo de órbita alrededor del Sol, pero a veces no es fácil distinguirlos. Los límites entre unos y otros cada vez son más difusos. En cualquier caso, ambos se formaron y son testigos de las primeras etapas de nuestro sistema solar, que nació hace alrededor de 4.600 millones de años. (Fuente: SINC

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