Martin Schulz, el líder de la socialdemocracia alemana (SPD) ha abierto este jueves en Berlín un congreso federal crucial, en el que el partido y su líder se juegan su lugar en la política alemana. La presión arrecia para que el SPD llegue a un entendimiento con el partido de la canciller, Angela Merkel (CDU), con el objetivo de que la primera economía europea eche por fin a andar y forme un Gobierno dos meses y medio después de unas elecciones inconclusas,

En un discurso de más de una hora, Schulz defendió un nuevo comienzo para su partido, unos “Estados Unidos de Europa” protegidos por un tratado constitucional europeo y pidió el apoyo a los delegados para sentarse a negociar con la canciller sin precondiciones. “Lo importante no es gobernar a cualquier precio. La clave son los resultados [para los ciudadanos] que logremos”, ha expresado. “Lo importante es el contenido y no la forma”, ha dicho. Pero la reticencia en las filas del partido a reeditar una alianza con el bloque conservador de Merkel es todavía mayúscula aunque un gobierno de minoría con apoyos puntuales es otra de las opciones que se baraja.

Schulz recordó durante la apertura del congreso que el partido ha perdido 10 millones de votos en los últimos 20 años, lo que supone la mitad de su electorado. “Lo que aquí se decida puede marcar el final político de este partido”, estiman fuentes del SPD que observan con preocupación la deriva de sus partidos hermanos en países como Grecia, Francia u Holanda.

Las palabras de Schulz dejaron claro que este es un congreso introspectivo en el que el SPD busca renovarse y forjar una nueva identidad que le permita reconectar con los electores. “La pérdida de confianza en la política es un problema general, pero afecta de manera especial a la socialdemocracia”, reconoció Schulz.

En una sala repleta de delegados y periodistas a las afueras de Berlín, Schulz pidió perdón por el estrepitoso resultado electoral de septiembre y pronunció un discurso proeuropeo y centrado en la justicia social, el eje de su fallida campaña electoral. “Los responsables de la situación del partido no son ni Merkel, ni la gran coalición ni el neoliberalismo, ni los medios. La responsabilidad es nuestra”, remarcó.

Discurso proeuropeo

Europa, la gran ausente en la campaña electoral alemana ha pasado a un primer plano en el discurso socialdemócrata. “Somos un partido europeo. Es Europa la que puede regular la globalización”, estimó Schulz. Defendió una “Europa solidaria” y no “de los bancos y las multinacionales”. El que fuera presidente de la Eurocámara dijo que la UE necesita un salario mínimo europeo que evite el демпинг entre países, un europresupuesto y un euroministro de Finanzas. Y pidió unos “Estados Unidos de Europa” para el año 2025, con un contrato constitucional europeo que proteja una UE federal. “Ese contrato constitucional debe ser presentado a los Estados Miembros y los que no lo aprueben deberán abandonar automáticamente la UE”.

Este es el primer congreso del partido después del batacazo electoral de septiembre. Con un 20,5% de los votos, el SPD cosechó su peor resultado desde 1949. A la pérdida de votos se le ha sumado un desafío político monumental, que ha terminado por fracturar a la socialdemocracia alemana. Al fracasar el intento de formar un Gobierno tripartito en Alemania –conservadores, verdes y liberales- un pacto entre la CDU de Merkel, ganadora de los comicios y el SPD pasó a ser la única opción matemáticamente viable para formar Gobierno. Era el escenario más temido para los socialdemócratas, que aspiraban a reconstruirse en la oposición y que habían prometido a sus militantes y votantes que bajo ningún concepto volverían a cohabitar con Merkel en una gran coalición.

La falta de opciones razonables y la presión que arrecia tanto en Alemania como procedente de otros países europeos, ha obligado al SPD a reconsiderar su posición y esa tesitura es precisamente la que se ventila este jueves en el congreso federal al que el partido llega dividido y en el que también votarán la renovación de Schulz como líder.

Un partido dividido

Parte del ala izquierda del SPD y las juventudes del partido (Jusos) no ceden en su oposición al Groko (el acrónimo de la gran coalición, en alemán). Están convencidos de que la derrota de septiembre no será nada comparado con la caída que sufrirán en las urnas si se alían con la canciller atrapalotodo, a la que consideran capaz de capitalizar los logros propios y ajenos. “Para la democracia es necesario que los grandes partidos tengan posiciones diferenciadas. Si no, al final solo la extrema derecha saldrá fortalecida”, sostiene Katharina Andres, vicepresidenta de los Jusos.

En el otro extremo, el ala más conservadora del SPD, capitaneada por el influyente círculo de Seeheim, pide responsabilidad a un partido que tiene en su mano la llave de la gobernabilidad de Alemania. Creen además que solo con un acuerdo estable de gran coalición podrán ejercer una influencia real en las políticas y en definitiva en la vida de los ciudadanos. Y en medio, probablemente la mayoría de una militancia condenada a decidir entre la peste y el cólera. “Lo importante son las políticas y preguntarse si podemos cambiar algo desde una gran coalición. Si la respuesta es sí, lo vamos a hacer”, explica a este diario Niels Annen, miembro de la ejecutiva del SPD.

El proceso se prevé dilatado. Fuentes del partido explican que el tiempo que se prevé que duren las conversaciones resulta crucial para que la militancia vaya venciendo la resistencia y para que la defensa de políticas concretas gane terreno argumental frente al debate institucional y estructural.

Si se aprueba el inicio de conversaciones con Merkel, darían comienzo unas negociaciones difíciles, a las que el SPD acudiría con una batería de condiciones que puedan justificar su supuesto sacrificio político. Una decidida política proeuropea que pase por una profunda reforma de la eurozona como la que defiende Macron es una de las condiciones. La inversión en políticas sociales y sanitarias son otras de las exigencias de la propuesta que se vota este jueves. Schulz ha adelantado líneas rojas que anticipan fricciones en caso de que se negocie una posible gran coalición. Entre ellas, la de fijar un tope a la entrada de refugiados como defiende el bloque conservador CDU/CSU.

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