Con reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, Trump rompió con décadas de diplomacia.

Por una promesa de campaña, Trump podría incendiar Oriente Próximo

Varios palestinos protestaron ayer en la Franja de Gaza en contra de la decisión de Trump.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, volvió a dar un manotazo en el ajedrez internacional al convertirse el miércoles en el primer presidente en la historia de EE. UU. que reconoce a Jerusalén como la capital de Israel. El mandatario, desde la Casa Blanca, también dio la orden para que comience la transferencia a esta ciudad de la embajada ante este país, que actualmente tiene su sede en Tel Aviv.

Si ese paso se concreta, EE. UU. sería el primer país del mundo en ubicar su representación diplomática en Jerusalén desde que Costa Rica y El Salvador cerraron las suyas en el 2006. Aunque la noticia cayó muy bien en círculos israelíes, explotó como una bomba en el mundo árabe y generó altos niveles de preocupación en Europa y la mayoría de países del mundo.

“Hoy finalmente reconocemos lo obvio. Que Jerusalén es la capital de Israel. No solo estamos haciendo lo correcto sino admitiendo la realidad”, dijo el presidente tras dejar claro que con su decisión también estaba cumpliendo con una de sus promesas de campaña.

De acuerdo con la administración republicana, durante más de dos décadas, presidentes demócratas y republicanos habían postergado ese reconocimiento y la transferencia de la embajada por temor a descarrilar las negociaciones de paz entre palestinos e israelíes.

Pero, según Trump, esa postura nunca terminó facilitando el camino y por lo tanto sería “absurdo asumir que usar esa misma fórmula habría producido un resultado diferente”.

El mandatario se refería a una ley aprobada el Congreso de EE. UU. en 1995 y que ordenaba trasladar la embajada a Jerusalén, pero incluía una cláusula de excepción que le permitía al presidente de turno postergar el movimiento por seis meses si consideraba en riesgo los intereses de seguridad nacional.

Desde entonces, todos los ocupantes de la Casa Blanca –Bill Clinton, George W. Bush y Barak Obama– habían frenando el traslado El presidente de EE. UU., Donald Trump, volvió a dar un manotazo en el ajedrez internacional al convertirse ayer en el primer presidente en la historia de EE. UU. que reconoce a Jerusalén como la capital de Israel. El mandatario, desde la Casa Blanca, también dio la orden para que comience la transferencia a esta ciudad de la embajada ante este país, que actualmente tiene su sede en Tel Aviv.

Incluso, el mismo Trump había hecho lo propio en junio de este año, cuando le llegó su turno. Por estas mismas razones, ningún otro presidente en las siete décadas que van desde la creación del Estado de Israel había declarado de forma oficial a esta ciudad como la capital.

En cierto sentido, la movida de Trump es sobre todo simbólica. Por un lado, pues durante su discurso también recalcó que EE. UU. no estaba tomando partido en relación con las “fronteras de la soberanía israelí” en la ciudad, un asunto que debería ser resuelto solo entre las “partes involucradas”.

En otras palabras, dejó la puerta abierta para que de futuras negociaciones emerja un Estado palestino con una capital basada en Jerusalén oriental.

Así mismo, Trump, con un solo cambio de letreros, pudo haber convertido el consulado que ya tiene EE. UU. en Jerusalén en su embajada oficial. No hacerlo es en parte un reconocimiento de lo delicado de la maniobra.

Posturas en desacuerdo

Aun así, esto generó polémica incluso entre los miembros de su propia administración. De acuerdo con múltiples reportes en medios de EE.UU., entre ellos ‘CNN’, ‘The Washington Post’ y el ‘New York Times’, tanto su secretario de Defensa, el general James Mattis, como el de Estado, Rex Tillerson, y el director de la CIA, Mike Pompeo, estuvieron en desacuerdo con el paso.

Al parecer, Trump se dejó guiar por su propio instinto y las recomendaciones de la embajadora ante la ONU, Nikki Haley; el vicepresidente, Mike Pence, y el embajador ante Israel, David Friedman.

Lo cierto es que el anuncio de Trump fue tomado como motivo de celebración en Israel. Minutos después de finalizar sus palabras, la municipalidad de Jerusalén iluminó las murallas de la Ciudad Vieja con las banderas de Israel y EE. UU., en señal de agradecimiento.

“Este es un día histórico”, declaró el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien calificó de “justa y valiente” la decisión de Trump.

Netanyahu aseguró que la decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel no contradice el deseo de lograr la paz y se comprometió a “trabajar por la paz” con todos sus vecinos, “incluyendo los palestinos”.

También el presidente de Israel, Reuven Rivlin, se refirió al tema. Aclaró que “Jerusalén nunca será obstáculo para la paz” y recordó que en pocos meses, Israel celebrará su septuagésimo día de independencia. Rivlin señaló que “no puede haber un obsequio más apropiado y hermoso que este”.

Y, aunque desde la oposición, tanto en el partido La Unión Sionista como en Yesh Atid, se felicitó al presidente de EE. UU. por su postura, también se oyeron voces, en especial desde la izquierda, preguntándose si la decisión de Trump no desatará innecesariamente una ola de violencia.

Por su parte, los palestinos criticaron el anuncio de Trump. El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abas, dijo que Trump, viola “todas las resoluciones y acuerdos internacionales”.

“En esta declaración ha elegido violar todas las resoluciones y acuerdos internacionales y bilaterales y contradecir el consenso internacional expresado por posiciones de varios países del mundo”, declaró Abas sobre la nueva política de Washington.

El presidente palestino también afirmó que la decisión del gobierno de EE. UU. anima a Israel a “seguir con la política de ocupación, asentamiento y limpieza étnica”, y que “representa una retirada de su papel como promotor del proceso de paz”.

Consciente de que la alerta es máxima en el terreno, Israel tomó precauciones ante la proclamación palestina de tres días de protesta o “días de furia”.

‘Fue un paso que nadie en el mundo le estaba pidiendo’

Peter Schechter es analista internacional con sede en Washington y experto en los temas relacionados con Oriente Próximo.

1. Ningún otro presidente de EE. UU. había reconocido a Jerusalén como la capital. ¿Por qué ahora lo hace Donald Trump?

Lo hace para cumplir una promesa de campaña que le hizo a su base, a los evangélicos, donantes israelíes y al Partido Republicano. Es además un presidente que le gusta sorprender. No veo otra explicación. De ser así, ha sido muy irresponsable.

2. Trump se precia de ser un gran negociador que fija posiciones extremas para obtener ganancia en la mesa. ¿No cree que quizá es una estrategia para ablandar a los palestinos y finalmente avanzar con un proceso de paz?

No creo. Yo he vivido en Israel y le aseguro que ni ellos esperaban este paso. Es decir, por supuesto que quieren que el mundo reconozca a Israel como la capital, pero saben que eso solo llegará producto de una negociación. Ni estaba en la lista de altas prioridades del gobierno israelí. Fue un paso que nadie en el mundo le estaba pidiendo, por el que no recibe nada a cambio y por el que, al contrario, atiza una situación que ya de por sí era explosiva. Habrá que ver con qué sale cuando anuncie su famosa estrategia de paz, pero dudo que este paso haya sido un momento brillante.

3. Pero, finalmente para EE. UU., Jerusalén es la capital de Israel y el Congreso ordenó desde 1995 que la embajada se moviera allí. ¿Por qué es tan delicado que Trump decida hacerlo?

Jerusalén es la capital de Israel, pero también el mundo entero reconoce que es la capital de tres religiones monoteístas y que es considerada, a su vez, la capital de un futuro Estado palestino. Ha sido por años centro de tensiones y disputas. Mover la embajada cuando ningún otro país lo ha hecho, precisamente por que entienden este contexto, lo que hace es prender la mecha a un tanque de gasolina a punto de explotar. Fue una pésima movida, y ojalá no tengamos que lamentar sus consecuencias.

4. El argumento de Trump es que los otros presidentes no habían querido reconocer a Israel ni trasladar la embajada para no entorpecer los esfuerzos de paz, pero tampoco los acercó a un acuerdo y había que ensayar algo distinto. ¿Qué opina?

Es un argumento absurdo. Por el hecho de que nada haya pasado no quiere decir que nada vaya a pasar. No es el fin del mundo, pero su apuesta no contribuye a la paz. Sobre todo cuando se miran las motivaciones de Trump, que son más bien internas y no externas.

5. ¿Trump insiste en que tiene un plan que llevará a la paz y nombró a su yerno como el artífice de este. ¿En qué queda eso?

EE. UU. queda totalmente deslegitimado como un actor imparcial en futuras negociaciones. Al menos frente a los palestinos y el mundo árabe. Parece un acto de sabotaje contra su propia iniciativa. Además, es inevitable que este hecho se perciba como una acción antimusulmana –dadas sus posiciones anteriores–. Y eso le restará espacio y credibilidad frente a otros aliados en esta volátil región.

Sergio Gómez Maseri y Jana Beris
Corresponsales de EL TIEMPO
Wwashington y Jerusalén

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