El referéndum independentista del 1 de octubre en Catalunya se está cobrando la primera víctima en el Gobierno de Mariano Rajoy: la imagen de estabilidad que Moncloa consiguió colocar ante los ojos de los principales mandatarios europeos se difumina ante la falta de apoyos parlamentarios para aprobar las cuentas de 2018.

El Ejecutivo central está luchando por ganar la batalla de la imagen internacional contra los dirigentes de la Generalitat de Catalunya. Los argumentarios del PP se centran en la incapacidad de los independentistas de conseguir apoyos internacionales a su causa y en explotar las declaraciones de líderes europeos como el presidente de Francia, Emmanuel Macron, la canciller alemana, Angela Merkel, o el presidente del Parlamento europeo, Antonio Tajani.

Este martes, Rajoy consiguió que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se posicionara a favor de que “España siga unida. La gente de Catalunya lleva un tiempo hablando de esto. No creo que se vayan a ir. El pueblo de Catalunya tendría que quedarse en España, sería una tontería no hacerlo así”.

Tras las palabras de Trump, el presidente del Gobierno admitió que la aprobación de las cuentas de 2018 se iba a retrasar aunque le restó trascendencia y aseguró que no iba trastocar el calendario electoral. “No está en mi horizonte adelantar las elecciones sea cual sea el resultado de esto de lo que acabamos de hablar”, en referencia a los presupuestos.

En Moncloa saben perfectamente la importancia que supone en Bruselas esa imagen de solidez institucional. La capacidad del equipo del presidente del Gobierno para conseguir un acuerdo de investidura con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PSOE, más la aprobación posterior del techo de gasto en 2017 como paso previo a la luz verde de las cuentas públicas de este años, colocaron a Rajoy como un referente en Europa ante la inestabilidad del Brexit y el avance de “formaciones populistas” que se tradujo en la participación en una reunión con las tres potencias europeas: Alemania, Francia e Italia.

En su comparecencia en el Senado el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, explicó este martes que de momento “no llevaremos el proyecto de ley de presupuestos generales al consejo de ministros porque no hay seguridad en los apoyos. Seguimos trabajando en las negociaciones para conseguir los apoyos y confiando en que los presupuestos estén definitivamente aprobados a comienzos de 2018“.

Fuentes del Gobierno admitieron que “no es un buen mensaje al exterior, la imagen de España para los inversores y los empresarios no es la mejor pero esperamos que una vez que se enfoque una vía de solución para el problema catalán podamos sentarnos para conseguir los apoyos, como ya pasó con los presupuestos de 2017”.

Aunque solo han pasado dos meses, lejos ha quedado la postura del PNV tras la aprobación del techo de gasto para 2018 cuando el portavoz de la formación vasca en el Congreso, Aitor Esteban, aseguraba que “no aprobar ahora el techo de gasto supondría que no hay ninguna posibilidad de que haya presupuesto para el año que viene. Este mensaje resultaría además muy negativo para Europa. Creemos que ahora hay que mandar mensajes de estabilidad”.

Con el horizonte cercano del referéndum del 1 de octubre en Catalunya, Esteban señaló en una entrevista en la SER que “hoy por hoy no se dan las circunstancias para entrar en un diálogo sobre Presupuestos con el Gobierno. Si no se le da un cauce político a Catalunya, no se dan las circunstancias para hablar con el Gobierno”. El mensaje de estabilidad queda en suspenso.

El ministro Montoro trató de rebajar el impacto del retraso de la aprobación de las cuentas al recordar que “en otras ocasiones se han aprobado presupuestos con el ejercicio ya comenzado, como en 2017. La Constitución establece que en caso de que no haya presupuestos el año que viene queda automáticamente prorrogado el presupuesto anterior, esto es una garantía para todos. No se puede producir en España un vacío presupuestario. Pero teniendo en cuenta que lo podamos aprobar en las próximas semanas queda tiempo para su tramitación y que el proyecto de presupuestos entre en vigor en enero de 2018”.

En el Gobierno se asume que la conflictividad no terminará el 1 de octubre en Catalunya, pero cuando pase esa fecha se abrirán nuevos escenarios, dando por seguro que se terminará convocando unas elecciones autonómicas, que permitirán que el PNV vuelva a sentarse en la mesa negociadora de los presupuestos. Hasta entonces todos los esfuerzos están concentrados en evitar el referéndum.

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