Fracasó aquel intento de Merkozy, acrónimo formado por Merkel y Sarkozy. Nunca hubo sentindo-me entre la canciller y François Hollande, pero la química vuelve a funcionar en el maltrecho eje franco-alemán. “Europa no puede seguir igual”. Con esa escueta frase, Angela Merkel aparcó este jueves en Tallin, a su llegada a la cumbre informal de la Unión, su supuesta debilidad tras las elecciones del domingo y dio un espaldarazo a la agenda reformista del nuevo presidente francés.

La crisis económica va quedando atrás. Los problemas migratorios no son el viento huracanado del verano de 2015. El Brexit parece bajo control. Y el empuje de los populismos no termina de llegar a los Gobiernos. Pero falta la guinda: todo el mundo sabe que esa moneda sin Estado que es el euro necesita algo más que una capa de pintura para superar la próxima recesión; la propia Unión Europea precisa reformas en profundidad para no recaer en algo parecido a la crisis existencial de la última década. En apenas dos semanas, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el joven presidente francés Emmanuel Macron han ofrecido dos ambiciosos discursos sobre la imperiosa necesidad de diseñar esa nueva Europa. Quedaba lo más difícil: convencer a Berlín. Pero puede que esta vez Berlín esté por la labor: la canciller Merkel abrió fuego en la cumbre informal de Tallin —con la sonora y única ausencia de Mariano Rajoy, por los graves problemas en Cataluña— con un mensaje de “amplio consenso” entre Alemania y Francia. “Todavía hay que hablar de los detalles”, dijo, “pero Europa no puede seguir igual”.

El discurso de Macron, que propone un presupuesto del euro, un superministro de Finanzas y una batería de medidas en materia migratoria, militar, de medioambiente y hasta de unión fiscal —uno de esos tabús innombrables en la Europa de los últimos tiempos— fue recibido el pasado martes en Berlín con una mezcla de tibieza y apatía. Los pesimistas, que son legión, subrayan que la debilidad de Merkel tras las elecciones y la entrada de los liberales en una posible coalición con los conservadores y Los Verdes entorpece la agenda Macron. Merkel hizo este jueves un desmentido de esa visión catastrofista de la política europea —Europa solo se forjará en las crisis— y dejó claro que en plena recuperación, con los problemas que han aquejado al continente quedando atrás, hay una ventana de oportunidad para pactar reformas de calado.

“No habrá referéndum”

El Gobierno español trasladará a sus socios europeos durante la cumbre informal de la UE en Tallin que no habrá referéndum ilegal en Cataluña el domingo. “El mensaje es que va a restablecerse cuanto antes el orden constitucional y a partir de ahí puede haber diálogo”, indicaron fuentes del Ejecutivo en la capital de Estonia. España no ha pedido a sus socios una declaración expresa sobre Cataluña, y descarta una mediación de Bruselas, informa Efe. Pese a la tensión, el Gobierno confía en las posibilidades de Barcelona para albergar la sede de la Agencia Europea del Medicamento, que dejará Londres como consecuencia del Brexit. Las mismas fuentes, sin embargo, vinculan la suerte de Barcelona a lo que ocurra a partir del domingo.

La ausencia de Rajoy

“El discurso de Macron es una buena base para trabajar”, afirmó la canciller. Ese discurso era el plato principal del menú de la cena informal de anoche, previa a una cumbre en la que además se hablará del Brexit, de impuestos a los gigantes de internet y, muy probablemente, de la situación en Cataluña, a pesar de la ausencia del presidente Mariano Rajoy. La delegación española aclaró que el desafío secesionista catalán obligaba a Rajoy a quedarse en Madrid. El Gobierno sostiene que tanto las instituciones europeas como los Estados miembros han dado claras muestras de apoyo a la posición del presidente español, por lo que no era imprescindible su presencia en Tallin. Y sí, las cancillerías cierran filas con Rajoy, pero va calando la idea de que el Ejecutivo no ha hecho lo suficiente para encauzar la situación a través del diálogo. “El referéndum es ilegal”, apuntó el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, “pero desde el lunes hay que trabajar en una solución política”. “Por ahora es un asunto interno español, pero ya veremos si no acaba convirtiéndose en europeo”, añadió el primer ministro belga, Charles Michel.

La Unión parece entrar en una nueva dinámica y nadie quiere que los problemas de España (uno de los países con más dificultades en plena Gran Recesión, pero a la vez una de las economías que mejor se han recuperado) haga descarrilar la supuesta primavera europea que se avecina. “Tratándose de Europa, quien no cree en los milagros no es realista”, dijo una vez el primer presidente de la Comisión, Walter Hallstein. Puede que haga falta uno de esos milagros a la vista de cómo se está poniendo el avispero catalán.

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