Segunda-feira, 11 de dezembro, 2017
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CLETA, uma fórmula ética no setor complexo dos distribuidores

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CLETA, una fórmula ética en el complejo sector de los repartidoresCLETA, una fórmula ética en el complejo sector de los repartidores

Un día cualquiera de una semana cualquiera. Unos pequeños carteles de camino a Atocha atrapan la atención de algunos viandantes: una bici, un repartidor y la palabra “ética” resumen casi todo lo que llama la atención en el póster. Con estas características lo primero que se imagina uno al verlo es que está relacionado con alguna de las polémicas vividas por los repartidores de Deliveroo durante los meses de verano: quizá una nueva manifestación, petición o anuncio por parte de alguna de las plataformas asociadas al movimiento.

La realidad es que forma parte de la humilde campaña de marketing de una pequeña cooperativa de mensajería de Madrid. ¿Quién dijo que sólo había hueco para las grandes empresas con alto respaldo financiero? CLETA que, lógicamente, viene del diminutivo bicicleta, es una de las nuevas propuestas de mensajería que quiere luchar contra los grandes problemas del sector.

El origen: hace 20 años y también en Take Eat Easy

CLETA, en origen, está fundada por un programador y dos repartidores de bici de toda la vida. María Echevarría, Pedro Castro y Miguel de Dios fueron los que iniciaron todo este proceso.

Muy lejos de lo que se puedan imaginar algunos, este modelo de reparto no fue inventado ni por Glovo, Deliveroo o Uber Eats. Cientos de empresas en todo el mundo ya descubrieron las ventajas de este modelo de negocio. ¿Su problema? Llegaron tarde al sector de la tecnología y, algunas compañías supieron ver un nicho de mercado de proporciones millonarias. María y Pedro venían trabajando desde hacía años en la mensajería por bicicleta; Trébol, una empresa madrileña con 20 años de antigüedad que siempre se a movido encima de bicis. En el caso de María, su experiencia ha pasado incluso por alguna de las tecnológicas más populares:

“He estado trabajando en Take Eat Easy y entonces viendo que llegaban un montón de aplicaciones y que de alguna manera tenían éxito pensamos que por qué no montar un trébol 2.0, por decirlo de alguna manera. Una evolución del servicio aplicando todo lo que habíamos aprendido, así que empezamos el año pasado y este hemos estado con la aplicación”.

Take Eat Easy que, tras tres años operando, murió de éxito. Es decir, muchos clientes haciendo uso de la aplicación, pero con costes demasiado altos para la compañía. Sumado al hecho de que de forma progresiva, varias empresas fueron llegando para competir en el negocio de los repartidores.

La mano humana sigue estando a la orden del día

Ante el cierre de Take Eat Easy y la avalancha de nuevas apps, la duda estaba en qué hacer o cómo plasmar 20 años de trabajo de Trébol en una app. De esta forma nace CLETA, con 5 empleados, además de la colaboración externa de Trébol. Con un año de vida, pero 5 meses de operaciones, según María el crecimiento está siendo progresivo:

Empezamos con 1 servicio al día y luego pasamos a 2, hay que tener en cuenta que de estos 5 meses dos de ellos han sido julio y agosto. Ahora estamos en un mínimo de 5 a un máximo de 20-30 diarios. Tampoco es lo mismo un lunes que un viernes, pero se ve un crecimiento exponencial y hay lograr que siga aumentando. También hay que decir que nosotros no tenemos millones de euros para gastarnos”.

Y esa es la clave: los millones. Para maría, el éxito de todas estas aplicaciones reside en el marketing y “en que ellos regalan el trabajo”. Rondas de financiación millonarias a las que CLETA y compañía no podrán acceder ni de lejos. La última de Glovo de 25 millones, la de 385 millones de Deliveroo o el brazo financiero de UberEats con un compañía detrás de ellos valorada en 65.000 millones de dólares; palabras mayores en lo que a fondos respecta. Lo cual explica los precios, sensiblemente más elevados ante la imposibilidad de subvencionar los costes: un 10% y un 15% más caros que Glovo (lo que supone un coste de más de 5 euros por envío). Aún así, todos se mueven en la cuerda floja entre ingresos y costes: “con ese volumen de ingresos no son capaces de aumentar resultados y si no crecen disminuye la financiación; nosotros no tenemos la presión de los inversores pero tampoco tenemos la misma solvencia para marketing”, comenta María. Cada uno con su problema.

La mano humana también juega un papel importante en todo esto. De sobra es conocido el sistema de algoritmos que regulan los repartos de Glovo o Deliveroo. El de este último llamado Frank que, como todos, promete una mayor eficiencia y mayores ingresos. En el caso de CLETA la mano humana sigue siendo el factor principal, – un vestigio de la mensajería de toda la vida de la mano de gente que conoce el sector-. Y, aunque como comenta María, “esto no es física cuántica”, lo cierto es que puede generar un problema de escalabilidad a largo plazo. Su postura es que, para crecer, se apoyan en la externacionalización a Trébol.

Riders no, mensajeros

Lo dejan claro: “los llamamos repartidores o mensajeros, eso de riders es una cosa rara que se ha sacado Deliveroo de la manga”. El concepto de ético también se aplicaría a la contratación de los repartidores, por lo que ante esta pregunta dejan claro que todos ellos están contratados. En un ecosistema en el que las polémicas por los modelos de empleo de “la nueva economía” han sembrado muchas dudas, e incluso la Comisión Europea ha planteado la idea de crear un protocolo para gestionar la precariedad de los nuevos empleos. Y, en esto, los mensajeros están tomando cada vez más relevancia en toda esta cadena:

“A nosotros nos llega mínimo un CV diario de alguien que se ofrece a trabajar con nosotros y la gran mayoría trabajan en Deliveroo o Globo. La mayor parte de ellos está tan curados de espanto que ya no se sorprenden por nada”.

Es por esta razón que los fundadores de CLETA creen que el sector va a crecer y cambiar. En los próximos años evolucionará, “especialmente cuando medio Madrid quedará cerrado al tráfico”. Su objetivo es que crezca hacía modelos de negocio más sensatos y que el consumidor sea consciente de lo que está haciendo.

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