Crear un producto tecnológico es ahora más fácil que nunca. Crear uno realmente bueno, no tanto. Que se lo digan a Fitbit, quienes han pasado los últimos años comercializando dispositivos que, si bien el pasado podrían haber tenido éxito —de hecho, lo tuvieron—, no han terminado de encajar en un momento en el que las grandes tecnológicas (Apple, Samsung, Google) también han querido hacerse un hueco.

Todo esto puede cambiar con el Fitbit Ionic, un dispositivo que cuenta con los ingredientes necesarios como para catalogarlo de apuesta sólida frente a otros smartwatches actuales. En la compañía han aprendido de los errores cometidos y han logrado aunar en un mismo producto lo que tiene que tener un reloj para cautivar al público en 2017: es un reloj y no una pulsera, tiene un componente de moda y diseño llamativo para combinar en el día a día, ofrece una monitorización de actividad física y, por último, cuenta con servicios de terceros.

Una mezcla que se antoja interesante ante un panorama donde los fabricantes han ido desistiendo y las opciones no son ahora tantas cuando se trata de escoger un buen smartwatch. Menos aún, cuando se necesita uno que englobe funciones propias de reloj inteligente con aquellas más orientadas al ámbito deportivo.

Fitbit lo ha hecho muy bien esta vez y, sin bien no sobresale en todos los puntos ni consigue un dispositivo redondo al cien por cien, no le falta un trecho demasiado amplio para lograrlo como para pensar que no lo hará en un futuro no tan lejano. Vamos con el presente.

Diseño y pantalla

Fitbit opta en esta ocasión por el aluminio de las series 6000 como elemento principal, el cual da como resultado resistencia sin restar ligereza al reloj, haciéndolo realmente cómodo de llevar. A pesar de contar con unas líneas un tanto angulosas que puede chocar ver en un smartwatch hoy en día, lo cierto es que el resultado una vez se encuentra sobre la muñeca no es malo. Puede gustar más o puede gustar menos, pero se agradece ver que el diseño en esta ocasión sí compone una parte importante del producto.

Que un reloj tenga su enfoque en lo deportivo no debe ser óbice para despreciar la apariencia del mismo y hacer que esta encaje solo cuando se vista un chándal. Las nuevas líneas en el Ionic dan como resultado un dispositivo polivalente, que puede ser llevado tanto a una sesión de entrenamiento como a una cena formal, más aún con la posibilidad de cambiar la correa del reloj por otra que se adecue más a cada situación.

En cuanto a la pantalla, de 1,42 pulgadas, hay que decir que en ocasiones se echa de menos que su superficie fuera algo mayor. Resulta funcional para llevar a cabo las interacciones táctiles con el reloj, algo que se ve incrementado con los tres botones físicos con los que cuenta, pero reducir los marcos (así como suprimir el logo del frontal) habría sido un acierto tanto en términos estéticos como en usabilidad.

La resolución de la misma es buena, contando con 1.000 nits (igual que el Apple Watch Series 2) y con un ajuste automático del brillo que permite que se vea muy bien incluso con el sol incidiendo directamente en ella.

La parte fitness

El Ionic es un smartwatch, sí, pero es la vertiente de la actividad física la que se lleva la mayor parte del peso. La tradición obliga a Fitbit a seguir amplificando todo lo referido al deporte por dos razones: es lo que los usuarios esperan ver de ellos y es lo que realmente se les da bien. Años de práctica han conseguido pulir una aplicación que ahora refleja la enorme cantidad de datos recogidos por el reloj con asombrosa precisión, de manera muy visual y que complementa perfectamente a este.

Para alguien como yo, más de teclado que de zapatilla, el esfuerzo hecho por Fitbit en cuanto a las metas y recompensas para incentivar el movimiento resulta esencial para hacer que me levante de la silla. Los constantes recordatorios, así como las estadísticas diarias y semanales son puntos clave para entender la filosofía tras este producto. Esto, junto a la posibilidad de añadir amigos y comparar estadísticas en tiempo real, hacen que moverse cueste un poco menos.

En 2017, un smartwatch no puede salir al mercado sin dos potentes argumentos de venta como son el GPS integrado y la resistencia al agua. El Ionic destaca en ambos, pudiendo así dejar el teléfono en casa y permitir que sea el reloj quien registre la ruta, además de hacer posible no solo el ducharnos con él, sino también ir a la piscina a nadar y sumergirnos hasta 50 metros.

Tanto el GPS como la resistencia al agua complementan a la amplia gama de actividades que es capaz de monitorizar el Ionic. En la aplicación podemos configurarlo para registrar hasta 19 tipos de actividades diferentes, en un abanico que va desde yoga hasta golf, pasando por las más comunes como el levantamiento de peso o correr. Según la actividad, los datos recogidos serán unos u otros: mientras que en una ruta corriendo o recoge las pulsaciones, velocidad, distancia, calorías o desnivel del terreno, entre otras, en una sesión de natación indica en tiempo real el número de largos, la distancia recorrida o el tiempo medio invertido.

A pesar de ser una versión que aún esta en beta –el reloj sale a la venta el día 1 de octubre– los resultados en las diferentes actividades que he podido probar (natación, bici, correr, senderismo y entrenamiento por intervalos) no arrojan ningún error ni anomalía. Incluso funciones como Run Detect, para registrar de manera automática carreras y las paradas durante las mismas funciona sin problemas desde este inicio.

El reloj se vuelve aún más interesante con servicios como Coach, una modalidad de pago de la propia Fitbit para mostrar compilaciones de actividades físicas pensadas para trabajar un grupo muscular o varios en sesiones guiadas. Si no nos sabemos los movimientos o ejercicios, una animación de una persona los realiza en la pantalla antes de comenzar cada uno de ellos. A día de hoy incluye tres de estas sesiones a modo de prueba en reloj, a expensas de que se lance el servicio de suscripción (con audioguías y otros añadidos) antes de fin de año.

Mención especial requiere el sensor SpO2, el cual está pensado para medir el oxígeno en sangre y, aunque es de las pocas cosas que aún no se pueden probar, en Fitbit aseguran que en un futuro podrá arrojar datos especialmente relevantes y servir incluso para detectar la apnea del sueño.

Una autonomía que brilla con luz propia

El punto crítico de estos dispositivos, generalmente, suele ser la autonomía. Mientras que a relojes como el de Apple cuesta sacarles más de un día de uso (más aún si hay actividad física intensiva de por medio), Fitbit saca músculo con el Ionic y promete algo más de 4 días sin tener que pasar por el enchufe. Y los cumple. Con uso moderado del GPS (unas dos horas) y con la sincronización de notificaciones del teléfono activada, la autonomía ronda las estimaciones proporcionadas por la compañía. Esta variará, naturalmente, dependiendo de cuánto uso se haga del sistema de seguimiento.

Una autonomía así, además de evitar el engorroso uso del cargador a diario, otorga la posibilidad de aprovechar una de las funciones más interesantes del Iconic: la monitorización del sueño. Usar la vibración del reloj como despertador y comprobar en la aplicación el tiempo dormido de manera profunda o en fase REM se ha convertido en una de las funciones más interesantes de mi día a día con el dispositivo.

La parte smartwatch

Si la parte de fitness es excelente, la parte que corresponde a funciones más típicas de un smartwatch, no tanto. Aún así, ofrece un buen puñado de características que sirven para complementar al reloj y que no se quede en un simple monitor de actividad física. Entre ellas encontramos una aplicación de tiempo por parte de AccuWeather, la conocida Strava o una aplicación para pagar directamente en Starbucks.

A colación de esto es necesario hablar también del chip NFC integrado, el cual permite hacer pagos con el reloj acercándolo al lector de tarjetas en las tiendas que lo soporten. La plataforma, denominada Fitbit Pay, está disponible inicialmente en España con Banco Santander y Carrefour PASS.

Otra de las funciones típicas en un smartwach es aquella que permite reflejar las notificaciones del teléfono en el reloj, la cual encontramos también aquí. Se puede configurar para elegir qué notificaciones queremos que lleguen, pero no responder a los mensajes. Las llamadas sí podemos aceptarlas desde el reloj, pero es necesario hacer uso del teléfono –o tener enlazados unos auriculares con micrófono– para contestar.

La parte de las aplicaciones se queda pobre hoy por hoy aunque, teniendo en cuenta que todavía no ha salido al mercado, es de agradecer que ya hayan logrado los acuerdos mencionados en las líneas anteriores. Fitbit promete que más apps llegarán de aquí a final de año a Fitbit OS, el sistema operativo que estrena Ionic, poniendo para ello todas las facilidades necesarias a los desarrolladores.

En lo referido a este nuevo sistema operativo, destaca una sencillez a través de la cual se aprecia que es una primera versión a la que todavía le falta recorrido, más allá de que los desarrolladores comiencen a introducir sus aplicaciones. La personalización en este sentido se reduce a cambiar entre las diferentes esferas que están disponibles a través de la app.

Mejor con música

Poder dejar el teléfono en casa mientras se hace ejercicio está muy bien, pero son muchas las ocasiones en que la actividad física y la música suelen ir de la mano. Por esta razón, el reloj cuenta con 2,5 GB de almacenamiento interno para llenarlos de canciones, las cuales pueden ser escuchadas mediante auriculares vía Bluetooth y tener un control sobre ellas desde el propio Ionic. Aquí se echa de menos esa mencionada falta de aplicaciones con una hipotética llegada de Spotify que resulta necesaria para no tener que introducir las canciones a mano, algo muy tedioso a estas alturas. Es probable, no obstante, que haga aparición en un futuro.

Destacando la relevancia de la música en el deporte, junto al reloj se estrenan también los Fitbit Flyer, unos auriculares inalámbricos que alcanzan hasta 6 horas de reproducción. Sobre ellos, poco que comentar: tienen una buena autonomía, aíslan bien e indican el nivel de batería restante en el widget de baterías del iPhone. No hace falta mucho más.

Los accesorios que no pueden faltar

En el momento en el que dejamos de hablar de pulsera deportiva y pasamos a hacerlo de reloj se presupone que este tiene que ser apto para ser combinado de acuerdo a los diferentes momentos del día, lo cual significa que tiene que venir de la mano con accesorios que lo permitan. Es algo que ya hemos visto funcionar con modelos de otros fabricantes, adoptándolo ahora Fitbit a través de diferentes correas tanto deportivas como de cuero. Estas últimas, además de ser muy livianas, aportan un aspecto más formal al reloj que resulta indispensable para borrar esa apariencia 스포츠 y poder darle un uso más amplio sin que desentone.

En el juego de las exclusividades con terceros, si Apple se asocia con Nike, Fitbit lo hace ahora con Adidas. Junto a ellos lanzarán una edición especial del reloj el próximo año que se sumará así a los tres modelos ya existentes (gris plateado, gris basalto y naranja fuego). La variedad nunca había sido tan importante como argumento de venta.

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