Sede del BCE.

Los supervisores nacionales reclaman un criterio unificado. Los préstamos se separarán en una parte sana y otra sin garantía.

El Banco Central Europeo (BCE) sigue adelante con su plan para reducir cuanto antes el volumen de activos improductivos en poder de las entidades bajo su supervisión. Desde hace al menos dos años, el organismo afincado en Fráncfort tiene fijada como una de sus principales prioridades la solución del problema de las exposiciones tóxicas por parte de los bancos. Por ello, ultima una nueva medida encaminada a abundar en esta estrategia.

El Consejo de Supervisión del BCE, presidido por Danièle Nouy, está actualmente trabajando en una «respuesta supervisora clara» que fije criterio para todo el sector en relación con la división de hipotecas improductivas (non-performing mortgage splitting, en inglés). Además, en relación con este asunto, están ultimando una revisión legal y técnica «completa» en la que están recogiendo las opiniones de la Autoridad Bancaria Europea y de otras partes interesadas. Así lo señala la propia Nouy en una carta de respuesta al diputado europeo Matt Carthy, en la que éste preguntaba sobre la conveniencia de este método de reestructuración de la deuda.

«Hemos sido abordados por varias instituciones de distintos países de la zona euro preguntándonos por una guía supervisora respecto a los usos apropiados de la división de hipotecas improductivas», admite el BCE en su misiva de respuesta. A pesar de las preguntas del eurodiputado Carthy, el supervisor no entra a valorar el impacto que la división de estos préstamos, así como cualquier hipotético cambio en su estatus, pueda tener en los niveles de capital de los bancos. Desde el sector recuerdan que las exposiciones improductivas suponen un consumo de capital y de recursos por parte de las entidades que los sufren, de forma que cualquier solución que permita reducirlas causa un efecto positivo en las ratios de solvencia de las mismas.

Una forma de reducir los activos tóxicos

Esta práctica de la división de hipotecas, llevada a cabo por algunos países europeos para abordar su problema de activos tóxicos, consiste básicamente en descomponer un préstamo hipotecario reestructurado en dos partes: una sana y sostenible (ajustada al nuevo precio del colateral) que paga interés, y otra no sostenible que no paga y que se considera sin garantía.

En este modelo, llevado a cabo durante los últimos años por países como Irlanda, «si el deudor mejora su capacidad de repago, la parte sin garantía se convierte en performing», tal y como explica una fuente del sector conocedora de estas prácticas. Es decir, que la evolución de la parte buena influye en la evolución de la parte tóxica, en lo que ha sido una estrategia utilizada en varios países para convertir hipotecas morosas en préstamos que contablemente constan como buenos.

«El sector está pidiendo que la parte con garantía se considere performing o curada y la otra parte quizás también, dependiendo de cada circunstancia», indican fuentes financieras, que puntualizan que la labor del BCE será fijar un «criterio claro de clasificación y cura para estos casos». Es decir, que el supervisor tendrá que detallar en qué condiciones y bajo qué premisas las hipotecas malas podrán considerarse buenas.

El BCE, en su misiva de respuesta, no da una fecha aproximada respecto a cuándo estará preparada esta guía supervisora sobre los préstamos hipotecarios morosos. Sí anuncia que, tan pronto como esté lista, se lo harán saber a los bancos a los que este asunto les resulte relevante «a través de sus equipos de supervisión conjunta».

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