El presidente ruso, Vladimir Putin, llegará la tarde de este jueves a Turquía para reunirse con su homólogo Recep Tayyip Erdogan a fin de estrechar lazos entre ambos países mediante varios proyectos bilaterales y tratando de poner en común posturas sobre los conflictos que azotan Oriente Próximo. La crisis entre Moscú y Ankara a raíz del derribo de un caza ruso a finales de 2015 ha quedado bien enterrada, si bien siguen vigentes sanciones a la importación de ciertos productos turcos que se aprobaron entonces. Ni siquiera el extraño asesinato del embajador ruso en Ankara, Andréi Kárlov, el pasado diciembre ha ensombrecido esta rápida recuperación de las relaciones bilaterales: este verano los turistas rusos han vuelto a poblar las playas mediterráneas de Turquía tras un año ausentes.

Uno de los principales asuntos a tratar para Putin es la compra de misiles antiaéreos S-400, del que recientemente Erdogan dijo que su Gobierno ya ha pagado un anticipo pero que resulta incompatible con los sistemas defensivos de la OTAN, a la que pertenece Turquía desde 1952. También se hablará sobre las obras del gasoducto Turk Stream, que unirá ambos países y cuya construcción se inició el pasado mayo, y sobre las inversiones rusas para edificar la primera centrar nuclear de Turquía.

La creciente desconfianza de Erdogan hacia sus tradicionales socios occidentales, la Unión Europea y Estados Unidos, a los que acusa de dar apoyo y cobijo a “terroristas” prokurdos, izquierdistas y de la cofradía del clérigo 펫 훌라 흐 귈렌, ha provocado que Turquía se escore hacia Rusia, un país que observa sus intereses de manera más pragmática y no critica los abusos ni la represión que se producen dentro del territorio de sus aliados. Pero, aunque las posiciones de Ankara y Moscú hayan convergido, eso no significa que no persistan ciertas diferencias.

Ambos líderes tienen previsto tratar una de las cuestiones más candentes del momento: el referéndum de independencia del Kurdistán iraquí, celebrado este lunes con una amplia victoria del Sí. Turquía, junto a Irán —aliado estratégico de Moscú—, se ha mostrado muy combativa, ha amenazado con sanciones y ha desplegado tropas en la frontera kurdoiraquí, en unas maniobras en las que también participan efectivos de las Fuerzas Armadas iraquíes. Horas antes de la llegada de Putin, Erdogan aseguró que no permitirá “nuevos Lawrence de Arabia” en la región —en referencia al aventurero británico que movilizó a las tribus árabes contra el Imperio otomano— y acusó al Gobierno Regional Kurdo de servir a “los intereses de otros actores”. El Kremlin, por el momento, se ha mostrado más comedida con los kurdoiraquíes, hasta ahora sólidos partidarios de EE UU pero que sólo han recabado el apoyo de Israel en sus aspiraciones independentistas. En un comunicado, el Ministerio de Exteriores ruso subrayó esta semana su apoyo a la “unidad e integridad territorial de Irak y otros estados de Oriente Medio”, pero al mismo tiempo mostró su “respeto” a las “aspiraciones nacionales de los kurdos” e instó a Bagdad y a la región autónoma a resolver sus diferencias mediante el “diálogo”.

Moscú también es partidaria de presionar al Gobierno de Damasco para que conceda cierta autonomía a los kurdos de Siria —ahora mismo firmes aliados de EE UU— una vez concluya la guerra civil que azota el país desde 2011. Pero esto resulta anatema en Turquía —cuyos kurdos exigen lo propio desde hace décadas—, tanto es así que Ankara está dispuesta a acercarse al régimen de Bachar el Asad que hace sólo unos años había jurado que derrocaría. De hecho, las iniciativas lideradas por la ONU para negociar un fin al conflicto sirio han sido apartadas en favor de las negociaciones del trío formado por Rusia, Irán y Turquía. Prueba de ello son las preparaciones en curso para actuar conjuntamente en la provincia noroccidental de Idlib, en la que las milicias leales a Al Qaeda se han hecho fuertes. El propio Erdogan confirmó en una entrevista con Reuters la pasada semana que su Ejército está preparado para intervenir y los detalles de dicha operación serán tratados en la reunión con Putin. Según la prensa local, el plan sería dividir la provincia en tres áreas de influencia: una para Turquía y sus aliados del Ejército Libre Sirio, otra para Irán y el régimen sirio y, en medio, una zona tapón controlada por militares rusos.

“Hace falta una alianza sólida entre los pueblos eslavos y turcos, es muy importante debido a los cambios que estamos viviendo a nivel global”, sostuvo el coordinador del grupo de amistad turco-ruso de la Duma, Dimitri Savelyev, en declaraciones a 인공위성. Estamos asistiendo a la formación de un poderoso bloque continental euroasiático y Rusia y Turquía han hecho la elección correcta”.

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