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“Era un pequeño nugget azul y llorón”.

Al parecer muchas, muchas cosas de los hitos de la edad adulta son poco placenteras. Específicamente, todo el llanto que seguramente me espera.

El día que le proponga matrimonio a la mujer que más se apiade de mí, probablemente me escabulliré para llorar en algún rincón. Lloraré un poco más cuando la vea caminando hacia el altar unos meses después. Dos años después, lloraré en la oficina de mi abogado una vez que el divorcio sea definitivo.

No puedo evitar preguntarme qué me hará llorar en la sala de partos. Es difícil predecir qué parte me hará romper en llanto. La convención sugiere que, abrumado por la belleza de la vida, lloraré la primera vez que sostenga a mi dulce [inserta el género con el que eventualmente mi hijo se identificará aquí, si alguna vez lo hiciera].

Sin embargo, para mí ese podría no ser el momento. Podría llorar mucho antes. Mis lagrimas podrían derramarse en el segundo que vea salir a un humano llorón de otro humano llorón, pues imagino que es una de las escenas más perturbadoras que una persona puede presenciar.

O, podría llorar de camino al hospital, cuando mi pareja me maldiga por ser generalmente inútil en una emergencia. Podría llorar después de que todo el calvario haya terminado, cuando vea la cuenta y me percate de que no entiendo muy bien el seguro de salud. Podría llorar cuando piense en el hecho de que no me llevo bien con mi propio padre, y que es por eso que no está ahí para decirme que ya deje de llorar.

Con la intención de prepararme para un día inevitablemente emocional, hablé con algunos padres — la mayoría de los cuales parece poseer más compostura que yo— sobre lo que recuerdan del momento en que sus parejas trajeron otra vida al mundo.

Gio, 25, Queens, NY.

Los doctores estaban todos muy relajados. Trataban de tranquilizar a mi esposa, porque después de un tiempo ella también empezó a enloquecer. Tenía mucho dolor. Decía cosas como: “No sé si puedo hacer esto, tal vez simplemente deberían hacerme una cesárea”. Y los doctores le decían: “No, es demasiado tarde. Te lo preguntamos al principio”. Le dieron la medicina para sedarla o lo que sea y ella les decía: “¡No está funcionando!, ¡ya no quiero hacer esto!”.

En un momento, hasta intentó arrancarse las agujas del brazo. Yo seguí sosteniéndola, pero en realidad no había nada más que pudiera hacer.

Finalmente, nació el bebé, y los doctores le dijeron ‘muy bien tienes que pujar otra vez’. Y yo dije ‘¿qué? El bebé ya nació. ¿O es que de la nada resulta que son gemelos?’. Pero entonces me dijeron ‘no, pero tiene que expulsar la placenta’. Fue algo super extraño. Era sólo una bola de carne. Nos preguntaron si queríamos conservarla. Al parecer algunas personas lo hacen, y luego se la comen. Yo dije: “No, así estoy bien”.

Chris, 36, Filadelfia, PA.

Te dan una bata, un gorro para cubrir tu pelo, y unos cubrezapatos. Así que estás sentado ahí con ese ridículo atuendo. Estás muerto de cansancio después de estar esperando por diez horas para entrar a un quirófano donde abrirán a tu esposa y le arrancaran a tu hijo. Es una locura.

La enfermera sale y te lleva con ella, luego subes y te sientas al lado de tu esposa. Está cubierta del pecho hacia abajo. Hace mucho frío en la hbitación. Estás muy nervioso, y sólo sostienes su mano esperando que todo salga bien.

Todo lo que te han dicho —ya sabes, dan a luz, ponen al bebé en el pecho de la madre y todo es hermoso—, no siempre es verdad. Termina la cirugía, él bebé sale, y no se compara con nada que hayas visto antes. Es un pequeño nugget azul y llorón. Es algo muy loco, pero es genial.

Eduardo, 36, Atlanta, Georgia.

Realmente no se le rompió la fuente. Tuvieron que inducirle el parto. Así que no tengo esa experiencia de que se le rompa la fuente y tengas que salir corriendo al hospital. Sólo hicimos una cita. Pero algo muy extraño fue que, como ella no podía dormir, se tuvo que tomar un sedante, y le causó alucinaciones.

Así que estaba acostada en la cama, y había un ventilador en el techo. La forma que tenía el ventilador para ella era como la de un DJ mezclando. Entonces empezó a preguntar “¿por qué hay un hombre en el techo? ¡Esta mezclando, tiene que salir de aquí!”. Tuve que tranquilizarla. Eso realmente me sacó de onda. No quiero tomar nunca esa medicina.

Cuando la bebé finalmente salió, fue increíble. Es impresionante ver a otra persona –aunque no tan pequeña, mi bebé pesó como cuatro kilos— completamente viva que hasta hace dos minutos no estaba ahí. Eso cambió mi vida entera.

Lo que no sabía es que cuando el bebé nace, los médicos le hacen un motón de pruebas. Así que mientras le estaban haciendo esas pruebas, fueron un poco rudos con ella. Le doblaban los brazos y las piernas, y yo quería decirles “¡ei, no le hagas esas cosas a mi bebé!”. Mi bebé tenía menos de 30 minutos de haber nacido y ya casi la estaban tacleando [risas]. Pero me tranquilicé y todo estuvo bien.

Ryan, 25, Centereach, NY.

Yo necesitaba estar ahí. Ese es el momento en que un padre se da cuenta de que es padre. Durante casi todo el parto estuve a su lado… y nunca me habían apretado la mano tan fuerte en toda mi vida. Siendo sincero, probablemente ella habría podido romperme la mano —no soy el tipo más fuerte que hay. Pero así es como pude darme cuenta de que ella estaba sintiendo mucho dolor.

De hecho, ver a alguien salir del cuerpo de tu esposa obviamente es escalofriante… y un poco asqueroso. [El bebé] está cubierto de sangre y mucosidad y demás. Pero te conviertes en la primera persona que ve a tu hijo. Lo ves incluso antes de que lo vea la madre. Es muy importante que un padre esté ahí para experimentar eso.

Corté el cordón umbilical y definitivamente fue una de las cosas más raras del mundo. Me puso los nervios de punta: estás cortando carne humana. Es parte de una persona. Me puse muy nervioso… el médico sostuvo mi mano. Incluso salir del hospital con él bebé fue muy aterrador. Creo que volví a casa manejando como a 32 km por hora.

Stephan, 26, Hackensack, NJ.

Cuando llegamos al hospital, al principio todo estaba en calma. Pero a medida que las contracciones aumentaron, ella iba sintiendo más dolor. Y ya sabes que cuando uno siente dolor, empieza a agitarse. Se pone irritable. Así que intenté mantenerme fuera de su camino y sólo hacer lo que ella quería que hiciera. Puedo decir que ella quería que yo estuviera ahí, pero no me quería cerca de ella.

Durante todo el proceso, mi novia sólo podía comer hielo. Así que me la pasé preguntándole si quería hielo. Después, empecé a preguntarle si necesitaba alguna otra cosa —como si quería que pusiera música o algo así. Seguí haciéndole preguntas… ella me respondió simplemente: “¡Cierra la maldita boca!, ¡estoy tratando de relajarme!”. Fue entonces cuando llamé a mi mamá. Necesitaba refuerzos [risas]. Ella era mi sistema de apoyo.

Todo se volvió muy real para mí en el momento en el que el bebé ya estaba a punto de nacer y pude empezar a verlo coronar. Podía ver la parte superior de su cabeza. Eso es lo que me impactó. Vi pequeños mechones de cabello. Ahora ya tiene la cabeza llena de pelo, pero todavía puedo encontrar esos mechones que vi en un principio.

Shomari, 28, Dallas, TX.

Puedo estar equivocado, pero cuando una madre está dando a luz, sintiendo todo ese dolor, eso debe ser lo único en su mente —tengo que sacar a este bebé, tengo que tener un parto seguro. En mi mente, yo pensaba: bien, espero que sea un parto seguro, espero que ella esté bien, después de esto tenemos que conseguir unos pañales, tengo que asegurarme de empezar a ahorrar para que pueda ir a la universidad algún día —durante esas horas de espera, yo estaba concentrado en el momento, pero al mismo tiempo estaba pensando a futuro.

Y definitivamente siento que cometí algunos errores mientras estaba ahí. No corté el cordón umbilical. Yo estaba así de ‘no, no quiero hacerlo, no quiero ver todo esto’. Pero si hubiera tenido a mi abuelo ahí o incluso a un amigo que me dijera que fuera valiente, lo habría hecho.

Otro error que cometí fue que, cuando él bebé nació, dirigí toda mi atención hacia él. Pero mi novia acaba de dar a luz. Por supuesto que el bebé necesita atención, pero debí haberle puesto atención a los dos. Una mujer puede perder la vida en el parto; así que en ese momento debí haber pasado tiempo con ella y el bebé juntos, pero no lo hice. Yo fui el primero en cargar al bebé. Ni siquiera pudo sostenerlo después de dar a luz… ni siquiera pudo cargar a su propio bebé. Eso siempre estará en mi mente.

원래에 게시 VICE.com

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