Sucursal de Banco Popular.

Creen que la regulación no discrimina lo suficiente los distintos problemas. La Federación Bancaria Europea tilda de “aspirina” las ratios de liquidez.

La banca europea está preocupada a raíz de la crisis de liquidez que se llevó por delante a Popular. La súbita caída, en apenas unos días, de un banco que oficialmente superaba los mínimos de solvencia y había pasado los test de estrés llevados a cabo por las autoridades ha supuesto que el sector se cuestione más que nunca los actuales métodos de cálculo de la resistencia de una entidad en problemas.

Las dudas sobre cómo los bancos y las autoridades han venido calculando los recursos de los que disponen las entidades para resistir posibles crisis puntuales (a través de la ratio de cobertura de liquidez) están de plena actualidad en el sector bancario de la UE. De hecho, la pasada semana se ha celebrado en Londres la quinta conferencia internacional sobre el conocido como riesgo de liquidez y capital, en la que se reunieron una parte sustancial de las entidades financieras europeas.

También estuvo presente la Federación Bancaria Europea (EBF, por sus siglas en inglés), que alertó en su discurso de las debilidades detectadas en la actual regulación. A la organización que aglutina a la banca del continente le preocupa que las crisis de liquidez en realidad sean manifestaciones de otros problemas que no se han sabido detectar a tiempo.

Para ejemplificar esta debilidad concreta, Gonzalo Gasos, jefe de supervisión en la EBF, aludió al caso concreto de Banco Popular. «La primera entidad resuelta por la Junta Única de Resolución hace tres meses confirma este patrón. Era un banco solvente pero con un problema de activos improductivos que duraba ya mucho tiempo y que le fue restando gradualmente credibilidad en los mercados. Sea como fuera, un día el presidente tuvo que llamar al supervisor para decirle: ‘Ya no tenemos liquidez para abrir mañana’. Una vez más era un problema de salida de depósitos lo que mató al banco», explicó este representante de la patronal bancaria europea.

El caso de Popular lleva a la EBF a preguntarse si las ratios de liquidez funcionaron como se esperaba, o si en realidad el problema del banco era de capitalización o acceso a la financiación. En ambos casos, Gasos constata que la entidad presidida entonces por Emilio Saracho cumplía regularmente con sus requerimientos de liquidez a corto plazo y de financiación estable.

En opinión de Gasos, el sistema regulatorio «no discrimina suficientemente bien entre las distintas enfermedades» que puede sufrir un banco. El responsable de supervisión de la patronal bancaria sostiene que «no existe un vademécum, una compilación comprensible de enfermedades y tratamientos. Solo tenemos una ratio de cobertura de liquidez que es el equivalente a una aspirina; y una ratio de financiación neta estable, que es el equivalente a un marcapasos», advierte, de manera que aunque el paciente tomaba regularmente su aspirina y tenía un marcapasos instalado, «ninguna de esas medidas fue efectiva con una enfermedad aguda, un cáncer, como fue la ratio de activos improductivos», tal y como señaló metafóricamente.

Liquidez ajustada al deterioro

La solución que propone la EBF pasaría por acomodar los niveles de liquidez exigidos por las autoridades de supervisión y regulación a la enfermedad que sufra cada entidad. Apuestan, por tanto, por «requerir liquidez y financiación con la intensidad, granularidad y frecuencia adecuada para el riesgo de cada banco», explica Gasos, que se cuestiona sin embargo que tanto liquidez como financiación valgan la pena en relación con el coste que a día de hoy suponen para las entidades.

Desde la EBF constatan que la elección de unos determinados niveles de liquidez o financiación neta no son opciones exentas de costes. «La obligación de incrementar los volúmenes de activos líquidos de alta calidad supone un coste. Pongamos un ejemplo extremo: si un banco sustituye todos sus activos por bonos del Gobierno, se convertiría en el mejor en relación con los criterios de liquidez y financiación neta. Bravo. Pero el valor del banco caería hasta el de una mera cesta de deuda soberana, un valor que no es alto a día de hoy», opinó el representante de la patronal bancaria.

Desde la EBF admiten que las ratios de liquidez suponen un coste razonable, si bien no puede decirse lo mismo «respecto a la ratio de financiación neta estable [net stable funding ratio, en inglés]», a la que califican de una «pastilla amarga de tragar» tal como está configurada ahora mismo.

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