WASHINGTON.- Un video muestra a un chico golpeando a otro que se sostiene con una muleta. En otro, un hombre habla en árabe y destruye una estatua de la Virgen María. El último video, violento y confuso, parece sacado de una guerra: un grupo de individuos arrojan a un hombre desde una azotea, rodeados de caos, gritos y tiros.

사진 : AFP

Los videos, publicados en Twitter por Jayda Fransen, una política británica ultraderechista condenada por “acoso religioso agravado”, acusan, respectivamente, a un “inmigrante musulmán”, un “musulmán” y una “muchedumbre islamista”. Todos fueron retuiteados ayer por Donald Trump, que desató -otra vez- una ola de repudio y condena, en Estados Unidos y Gran Bretaña, aliado histórico de Washington.

Fransen es la número dos de Gran Bretaña Primero, un partido ultraderechista británico minoritario al que Trump, que tiene más de 43 millones de seguidores en Twitter, presentó a una audiencia global con tres retuits.

La ya de por sí inflamatoria movida tuvo otro matiz: el gobierno holandés indicó que el chico que golpea a otro en uno de los videos no era un “inmigrante musulmán”, como indicó Fransen, sino un joven holandés. La embajada de Holanda en Washington se ocupó de aclararlo en una respuesta directa al propio Trump.

"@realDonaldTrump Los hechos sí importan. El perpetrador del acto violento en este video nació y creció en los Países Bajos. Recibió y completó su sentencia bajo la ley holandesa”, tuiteó la embajada.

Si esa atípica respuesta holandesa volvió a marcar otro hito surrealista en la presidencia del magnate, la reacción de Londres gestó otro punto de tensión con uno de los principales aliados estratégicos de Estados Unidos.

“Está mal para el presidente haber hecho eso”, dijo la oficina de la primera ministra británica, Theresa May, en una declaración. “Gran Bretaña Primero busca dividir a las comunidades mediante el uso de narrativas de odio que propagan las mentiras y alimentan las tensiones. Causan ansiedad a las personas respetuosas de la ley”, completó.

James Corbyn, el líder laborista británico, había dicho que esperaba que Downing Street condenara la decisión de Trump de replicar los mensajes de Fransen, y los destrozó en una oración: “Son aborrecibles, peligrosos y una amenaza para nuestra sociedad”.

Las condenas del otro lado del Atlántico trasvasaron el arco político, donde muchos reaccionaron con perplejidad a los tres retuits de Trump. El Consejo Musulmán de Gran Bretaña, un organismo que aglutina a los musulmanes en el Reino Unido, pidió una condena: “Este es el respaldo más claro hasta el momento del presidente de los Estados Unidos a la extrema derecha y su vil propaganda antimusulmana. No podemos darle vía libre a semejante fanatismo”.

En Washington, acostumbrada ya a la perplejidad que provoca Trump, también hubo condenas de demócratas y republicanos.

Nada inmutó a la Casa Blanca, que optó por defender al mandatario al afirmar que su objetivo fue poner de relieve los riesgos que enfrenta el país.

“La amenaza es real, la amenaza debe ser abordada, se debe hablar de ella y eso es lo que hace el presidente al mencionarlo”, dijo la vocera presidencial, Sarah Huckabee Sanders, en declaraciones a la prensa.

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