Japón creó el programa de capacitación técnica con el objetivo de contribuir a la comunidad internacional aceptando a trabajadores de países en desarrollo para formarlos y que estos, al retornar a sus tierras, apliquen las habilidades adquiridas.

La realidad, sin embargo, dista mucho de la meta original del programa. Una encuesta realizada por el Instituto de Política Laboral y Capacitación de Japón, en aproximadamente 9.900 sitios que cuentan con extranjeros bajo este programa, revela que en 70 % de los casos la razón de que los acojan es que necesitan mano de obra, debido a la escasez de trabajadores japoneses.

Menos del 10 % dice que lo hace para contribuir a la comunidad internacional, según el estudio publicado por Mainichi Shimbun.

Muchos pequeños negocios en zonas del país donde la población está envejeciendo y escasea la fuerza laboral necesitan a los aprendices extranjeros.

La compañía manufacturera Hashimoto Sangyo, ubicada en la prefectura de Okayama, ha empleado al menos cien aprendices extranjeros en los últimos veinte años. El presidente de la firma, Saburo Hashimoto, afirma que tenerlos representa un costo sustancial, pero que los necesitan.

Ellos ganan alrededor de 120.000 yenes al mes (1.080 dólares) y trabajan un máximo de dos horas extras por día. La compañía les proporciona de manera gratuita una habitación en bloques de viviendas cerca de la fábrica y les descuenta 6.000 yenes (54 dólares) por servicios públicos (luz, agua, etc.).

La empresa cuenta con 49 empleados, de los cuales nueve son extranjeros, la mayoría de Vietnam. Hashimoto destina 350.000 yenes (3.152 dólares) mensuales a los gastos de manutención de los nueve.

Además, debe desembolsar 250.000 yenes (2.251 dólares) al mes por gastos varios, entre ellos 5.000 yenes (45 dólares) por cada uno a las empresas en sus países de origen que los enviaron a Japón.

Más barato les resultaría contratar a jóvenes japoneses, pero ninguno responde a sus ofertas de empleo. Así las cosas, no pueden prescindir de los aprendices extranjeros. En zonas de escasa población como donde ellos operan, la falta de trabajadores es un problema grave.

La compañía los ayuda con clases de japonés y lleva al hospital. Además, participan en los viajes de la empresa. Hashimoto dice: “Si no son tratados como empleados, no hay manera de que se queden”.

Muchos aprendices en Japón abandonan sus trabajos por maltrato laboral u otras razones. Nadie ha desaparecido de Hashimoto, que ha sido certificado como un lugar ideal para los extranjeros en formación.

El profesor Yoshihisa Saito, especialista en el tema, declara a Mainichi que si Japón desea preservar el sistema como una contribución del país a la comunidad internacional, “el gobierno central debería asumir la responsabilidad y considerar operar el programa directamente en lugar de utilizar a grupos intermediarios privados de alto costo”. (국제 보도)

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