2018년 1월 24일 (수요일)
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왜 잔인한 상황이 우스운가요?

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Imagina que a día de hoy un escritor se lanza a opinar en Twitter sobre las opciones que tienen las familias que no pueden mantener a sus hijos para mejorar su situación económica. “Podrían entregar a sus hijos a las personas ricas para que los devoren, así no tendrían que mantenerlos”, tuitea nuestro escritor imaginario, en una opinión que, aunque evidentemente va cargada de ironía, seguro que despertaría algunas opiniones encontradas. Pues bien, esto ya lo hizo Jonathan Swift, el autor de Los Viajes de Gulliver en 1729, en un ensayo donde proponía que los campesinos pobres entregaran a sus descendientes como alimento. Este texto, llamado A modest proposal ha quedado anclado como uno de los precedentes del humor negro más incisivo, aunque eso no evitara que en su momento no fuera bien recibido por la sociedad.

Swift en su texto proponía esta idea con la meta de exagerar la codicia de las clases dirigentes en la Irlanda del siglo XVIII. Un objetivo que, aunque podemos imaginar que no sentara bien a la puritana sociedad de la época, sigue vigente en buena parte del humor actual: reírse del mal mayor poniendo primero el foco en humillar o hacer bromas sobre temas mucho más dramáticos.

Seguro que te ha ocurrido alguna vez que al decir o contar un chiste algo macabro la respuesta ha sido un silencio o una mirada acusadora que te señala que no ha sido de buen gusto. O bien, por el contrario, ese chiste ha conectado con quien lo escuchaba generando la más sincera de las carcajadas. Los límites del humor siguen y seguirán siendo difusos, pero las distintas teorías cognitivas y estudios sobre la evolución nos ayudan a entender por qué en ocasiones nos reímos de cosas que tratadas de otra forma no tendrían ninguna gracia.

El humor como respuesta biológica ante (y para reírse de) un peligro

Existen aún muchas dudas sobre el origen de la risa y su significado. Sabemos que es una respuesta que tiene la característica de encontrarse en distintas especies. Los grandes simios se ríen, y existen estudios que avalan a la risa y el humor como un factor fundamental para la creación de comunidades. No por supuesto en la actualidad (tu grupo de amigos funciona lógicamente mejor cuanto más os riáis), sino en nuestro origen más antiguo, cuando nuestros antepasados peludos descubrieron la risa.

El filósofo John Morreall sostiene en su libro Taking Laughter Seriously(1983), uno de los primeros en trazar de forma moderna las teorías del humor, que el origen biológico de la risa humana pudo estar en una expresión compartida de alivio tras pasar un peligro. Una respuesta automática que podrían tener dos hombres primitivos tras escapar de una gran fiera, que en cierto modo sería la misma que tienen dos jóvenes riéndose después de haber conseguido finalizar una travesura sin que nadie les pille.

A ello se suma además una característica inequívoca de la risa, que es su sinceridad. Un 연구 publicado en 2015 por la Academia Americana de las Ciencias probó que es muy complicado hacer pasar una risa fingida por una natural, propiedad que de nuevo en nuestros antepasados hizo que la risa cobrara un factor fundamental como muestra de empatía y comunidad.

Esto nos lleva a la aplicación del humor negro y sus bromas en la actualidad. La voluntad (y a veces la necesidad) de reírse de las desgracias como vía de escape. “El humor nos proporciona alivio creando experiencias emocionales complejas al unir sentimientos negativos y positivos”, escribe en su libro The Reactionary Joke Book Christie Davies, autor que ha ahondado en la filosofía del humor con numerosos libros, en los que se desmenuzan incluso las distintas bromas por motivos étnicos que se dan en distintos países.

Un buen ejemplo que sale a colación cuando se habla de hacer humor sobre desgracias es el que ocurrió solo 18 días después de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos. El programa 나이트 라이브 (Saturday Night Live) inició su temporada con una entrada en frío con los bomberos y policías de la ciudad de Nueva York en el plató. Ante ellos, el productor del show, Lorne Michaels, preguntó al entonces alcalde Rudolph Giuliani: “¿Podemos ser graciosos?”, a lo que el alcalde respondió: “¿Por qué hay que empezar a serlo ahora?”, generando las risas del público. Giuliani, en un discurso posterior, señaló que la sociedad americana tenía que ser capaz de llorar y reír de lo sucedido para superar semejante daño.

La famosa regla del que “el humor es tragedia + tiempo” y la violación benigna

Otro ejemplo similar y mucho más reciente lo encontramos en los distintos memes y mofas que se dieron en Twitter días después del atentado de Barcelona ocurrido el pasado mes de agosto. El Daesh emitió poco después un vídeo con un terrorista de origen andaluz reivindicando lo sucedido. Las bromas en torno al “hijo de La Tomasa”, como se llamó al terrorista, se vieron entonces como una vía de escape ante la tragedia.

Sin embargo, está claro que en ejemplos como este la broma se hace a costa de lo que ha causado el daño, y no sobre la tragedia en sí. Aquí, entra en juego la conocida frase y adjudicada a varias personas sin un autor claro que preconiza la regla de que el humor es igual a tragedia más tiempo.

A ello responden también varias teorías sobre el humor, todas con su parte de verdad. Aunque estudios y supuestos orígenes de qué motiva la risa hay por decenas, todas se basan en tres hipótesis básicas que han evolucionado desde la antigüedad. La primera de ellas, la Teoría de la Descarga, de Aristóteles, propone el humor como una especie de catarsis colectiva para sintetizar los malos sentimientos, muy similar a las teorías evolucionistas comentadas antes. La segunda, propuesta por el filósofo Thomas Hobbes, habla de que el humor se basa en la humillación -ya sea con mal gusto, o contra un terrorista que ha lanzado un mensaje con acento andaluz- y la tercera, la Teoría de la Incongruencia, defendida entre otros por Schopenhauer. Esta última habla de que el humor nace cuando ante una expectativa se produce un resultado hilarante o desconcertante. Esto es por ejemplo muy visible en los habituales vídeos de trompazos, cuando nos topamos con un final inesperado, pero también cuando un humorista trata de forma muy seria un asunto muy absurdo.

Todas estas antiguas teorías encuentran parte de su poso en lo que proponen de forma más reciente Peter McGraw y Joel Warner en el libro The Humor Code. Aquí, ambos escritores trazan que el humor negro se basa en transgredir una normal moral, haciéndonos sentir incómodos, pero con un desenlace lo suficientemente tibio como para no sacarnos de nuestra zona de empatía. Ese espacio que queda entre transgredir pero no ser moralmente dañino, es el espacio que encuentran los chistes de humor negro para funcionar y no provocar rechazo.

Además, todos estos autores valoran la importancia del contexto, de la complicidad con el interlocutor, y del entorno en el que estemos. Esa comunidad en la se reconoce la risa de unos y otros y que contábamos al principio. Una broma no es igual contada en un teatro, donde vamos predispuestos a reírnos, ni tampoco según a quién nos refiramos. Al igual que en 나이트 라이브 (Saturday Night Live) se aplaudió que hubiera un consentimiento expreso para bromear, el cómico Gilbert Gottfried fue abucheado públicamente por bromear que tomaría un vuelo que haría una parada en el 엠파이어 스테이트 justo después del 9-11. La broma, dicha solo unos días después del atentando, seguramente estuvo mal medida y además atacaba directamente a esa comunidad en la que el humor se supone una medicina catártica.

Otro ejemplo clásico sobre el humor negro son las bromas sobre el holocausto. En un hilo de 레딧 en el que se preguntaba a alemanes si se hacían bromas sobre este tema, la mayoría aseguraban que no. Y tampoco sigue siendo bien vistas ante grandes audiencias. Eso lo vivió en sus propias carnes el productor de series como “Padre de Familia” Seth MacFarlane, que al presentar la gala de los Oscar 2013 se refirió a la coproducción austriaco-alemana Amour de la siguiente forma: “Esperemos que sea mejor que lo último que coprodujeron estos dos países, Adolf Hitler” provocando las críticas de varias asociaciones judías.

Quizá lo mejor para conocer hasta qué punto el contexto convierte en bueno o no un chiste de humor negro sea ver esta experiencia que cuenta el cómico Ricky Gervais, en la que narra como, tras bromear con unos amigos sobre asuntos tan truculentos como la pederastia “para romper el hielo, conocerlos y ver hasta dónde podía llegar con mis bromas”, se vio por un malentendido contando el mismo chiste a un grupo de ancianos. Y ahí sí que vio que no era el contexto adecuado.

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