Foto: Finlandeses caminan por el centro de Helsinki. (Reuters)
Finlandeses caminan por el centro de Helsinki. (Reuters)

2017년 11월 24일 - 05시 H. - 업데이트 7 H.

Día de la envidia nacional, el “carnaval de los impuestos” o “porno financiero” son algunas de las expresiones que se usan en los países nórdicos para ilustrar la inusual costumbre de sus respectivas agencias tributarias de poner a disposición del público los datos fiscales de todos los ciudadanos. Es lo que ocurre cada año en 스웨덴, 노르웨이핀란드, donde las autoridades no solo exponen los datos de los más pudientes, sino que también desvelan los de todos los contribuyentes, permitiendo que cualquiera pueda enterarse de lo que gana su vecino.

Es una muestra más de la cultura de la transparencia que impera por estos lares. Y, si bien no erradica por completo la evasión fiscal, como recientemente han demostrado los Papeles del Paraíso, sí hace que estas naciones figuren entre las menos corruptas del mundo. Mientras en otros países se cuestiona si los políticos deberían hacer públicos sus datos, en 핀란드, por ejemplo, cualquiera puede conocer los ingresos, el patrimonio y la cantidad de impuestos pagados no solo por quienes gobiernan, sino también por cualquier otro ciudadano, ya sea su jefe, colega, amante o mejor amigo.

La transparencia es concebida como un mecanismo para controlar a los poderosos, en concreto el aparato estatal

Basta con una llamada al servicio telefónico de Vero, la agencia tributaria finlandesa, para conocer libremente y de manera anónima los resultados. Eso sí, hay que tener a mano el nombre completo, fecha de nacimiento y lugar de residencia de la persona sobre la que se pide la información.

Los datos se hacen públicos cada mes de noviembre. Un evento que se vive con gran revuelo y expectación, sobre todo desde que los medios tienen el hábito de publicar con gran bombo y platillo la lista de los contribuyentes más ricos. Las fortunas pero también los impuestos pagados por los magnates, políticos y estrellas del mundo del deporte y de los espectáculos acaparan las portadas de los periódicos.

Una tradición que, si bien desata la envidia de los menos acaudalados, también despierta admiración. Fue sonado el caso de los fundadores de la famosa empresa de juegos para móvil Supercell, Ilkka Paananen y Mikko Kodisoja, que en 2013 tuvieron que pagar 54 millones de euros en impuestos cada uno. Una cifra con la que se dijeron felices de contribuir al bienestar de la nación. “Hemos recibido mucha ayuda de la sociedad, ahora nos toca a nosotros devolver el favor”, fueron las memorables declaraciones de Paananen.

Ilkka Paananen se dirige a la prensa en la sede de su compañía, en Helsinki. (Reuters)
Ilkka Paananen se dirige a la prensa en la sede de su compañía, en Helsinki. (Reuters)

En la vecina Noruega, el sistema funciona de una manera muy parecida. A finales de octubre, los medios también se hacían eco de que el nuevo contribuyente más rico del país es Gustav Magnar Witzøe, un joven de tan solo 24 años, heredero de SalMar, uno de los mayores productores de salmón del mundo.

Saber cuánto cobran pero también cuánto pagan los más ricos sienta, de alguna manera, el ejemplo. En este sentido, los datos de 2016 revelan que Witzøe ingresó 147 millones de coronas (unos 15,1 millones de euros), pero también pagó al erario público 137 millones de coronas (unos 14,1 millones de euros). Una cifra que, dados los 1.200 millones de patrimonio que posee, probablemente no le quita el sueño.

Sea como sea, saber que todos, también los que más ingresan, aportan lo que les toca al ‘puchero’ común incentiva a la población a pagar impuestos. Ya sea por sentido de la justicia como por miedo a que, si hacen trampas, las autoridades les pesquen.

Cualquiera puede ver lo que ganas y si tu ritmo de vida no está en consonancia, alertar al fisco. Es más común de lo que cabría imaginarse

Si bien, cada cierto tiempo, emerge el debate sobre si convendría o no que los datos fiscales fueran confidenciales, la mayoría aprueba la regla actual, pues ven en ello un instrumento para garantizar la transparencia y la igualdad de las que tanto alardean las sociedades nórdicas.

El hecho de que los datos sean públicos ayuda a las autoridades a luchar contra la evasión fiscal, pero también hacen más difícil el blanqueo y otras actividades criminales. Cualquier ciudadano puede ver lo que ganas y pagas públicamente. Y si ve que tu ritmo de vida no está en consonancia con esos datos, puede alertar de ello al fisco. Algo que, según las autoridades, es más común de lo que podría imaginarse.

El statu quo también promociona la igualdad. Es sabido que muchas personas investigan lo que ganan sus compañeros para pedir un aumento acorde en su próxima revisión salarial. Y también para saber a qué sueldo pueden aspirar antes de acudir a una entrevista de trabajo.

Las consultas ya no son anónimas

Sin embargo, en Noruega, descubrir estos datos ya no es tan fácil. En 2014, las autoridades instauraron una nueva norma por la que las consultas sobre los datos fiscales del prójimo ya no pueden ser anónimas. Quien solicita la información debe dar su identidad. Además, la agencia tributaria informa al momento al contribuyente sobre quién ha consultado sus datos. Entre las razones, figura la de cortar las alas a eventuales ladrones, después de que alguno de ellos fuera cazado con los datos fiscales de su víctima.

Desde el cambio de reglas, el número de consultas ha caído en picado, pasando de los 16,5 millones de búsquedas registradas en 2014 (una cifra considerable para un país de sólo cinco millones de habitantes) a los 2,15 millones del año pasado. Según las investigaciones del profesor de economía de UCLA Ricardo Perez-Truglia recogidas por ‘Quartz’, “siguió habiendo muchas personas que fueron a la página web (del fisco), pero lo que querían saber ya no eran los ingresos de los demás, sino si otros habían realizado búsquedas sobre los suyos".

En su estudio sobre los efectos de la transparencia de ingresos en el bienestar, este estudioso también concluye que tanta facilidad para compararse con el vecino hace que los más pobres se sientan más insatisfechos con lo que tienen que en otros lugares del mundo.

Noruegos en un parque del centro de Oslo, Noruega. (Reuters)
Noruegos en un parque del centro de Oslo, Noruega. (Reuters)

En cualquier caso, medidas como esta hunden sus raíces en la propia cultura escandinava. Suecia es otro de los países de la zona donde los datos fiscales también son públicos. Y, si bien Dinamarca es el único que no lo permite, en 2012, sí aprobó una nueva normativa que obliga al tesoro público a divulgar ciertos datos empresariales que antes eran confidenciales.

La visión de que la sociedad es una gran familia en la que cada uno colabora según sus posibilidades está muy arraigada en la región. Orgullosos de vivir en una de las sociedades más igualitarias, donde las diferencias entre ricos y pobres son de las más reducidas, los nórdicos suelen regirse por la conocida “ley de Jante”, una especie de código cultural no escrito que exalta la colectividad por encima del individualismo.

A menudo se dice que tanta transparencia se debe al alto nivel de confianza que tienen los ciudadanos ya sea en sus semejantes como en las autoridades. Lo que hace posible que muchos acepten e incluso aplaudan la costumbre de publicar los datos fiscales del conjunto de la ciudadanía.

Orgullosos de vivir en una de las sociedades más igualitarias, los nórdicos se rigen por una especie de código cultural que exalta la colectividad

No es un modelo fácil de exportar a cualquier otro país. Pero lo que está claro es que explica que los nórdicos figuren año tras año entre los menos corruptos del mundo. Según el último ránking de Transparencia Internacional, Dinamarca encabeza la lista, con Finlandia en tercera posición, Suecia en cuarta y Noruega en sexta.

“La transparencia es concebida como un mecanismo para controlar o, al menos, para rendir cuentas, a los poderosos, en concreto el aparato estatal. Si el estado puede tomar medidas que afectan a los ciudadanos, se produce una exigencia de que los ciudadanos tengan la capacidad de exigir transparencia“, señala el profesor español Óscar García Agustín, que trabaja en el Departamento de Cultura y Estudios Globales de la Universidad de Aalborg (Dinamarca).

A pesar de todos los esfuerzos, los Papeles de Panamá, el año pasado, y los del Paraíso, hace escasas semanas, contienen nombres de individuos y empresas escandinavas. Y aunque las artimañas de los más ricos para tratar de evadir impuestos causan indignación en cualquier país, en la zona nórdica, su alcance es todavía mayor.

En Suecia, sin ir más lejos, el escándalo ya se ha cobrado la cabeza de Leif Östling, presidente de la Confederación del Empresariado Sueco, que ha presentado su dimisión tras conocerse que posee activos valorados en unos 3 millones de euros en una compañía con sede en Malta. En realidad, es probable que no haya cometido ninguna ilegalidad. Pero a sus conciudadanos no les ha sentado nada bien su manera de cuestionar el alto nivel impositivo sueco, después de que, hace unos días, respondiera con un “¿qué cojones recibo por el dinero que pago?” cuando la televisión pública SVT le preguntó por sus posesiones en el conocido paraíso fiscal europeo. Una igualdad muy sentida a nivel social es, por lo tanto, una de las razones que explica el éxito del transparente modelo nórdico.

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