Cyril Noel, uno de los miles de médicos que ya no están cómodos en Londres
Cyril Noel, uno de los miles de médicos que ya no están cómodos en Londres. Foto: LA NACION

LONDRES.- Tanja Pardela se va de Londres. El domingo es su último día. Cuando habla de eso, se le llenan los ojos de lágrimas. Va a extrañar las papas rellenas, el asado de los domingos y su recorrido de todas las mañanas hasta el hospital donde se desempeñó como pediatra durante 11 años.

Pardela no quiere dejar el país adonde vino hace más de una década, pero ese país ya no existe. Dice que el 24 de junio del año pasado “todos nos despertamos en un país diferente”.

Diecisiete meses después de que los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea (UE), muchos europeos están votando salir de Gran Bretaña? por decisión propia. Según las últimas cifras disponibles, hasta marzo de este año 122.000 europeos hicieron sus valijas, mientras que el flujo de arribos se ha ralentizado.

En Londres, una ciudad sostenida desde hace mucho por los banqueros, constructores y mozos europeos -“una ciudad que te hace soñar”, dice Pardela- las partidas están empezando a doler.

A las empresas constructoras y los cafés les cuesta conseguir empleados, a las principales universidades les preocupa poder retener a sus talentos, y en ningún otro lugar esa preocupación es más básica que en el tan preciado y actualmente desbordado Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés).

El NHS ya sufría una escasez crónica de personal mucho antes del Brexit y hoy son 40.000 los puestos vacantes de enfermería a nivel nacional. Pero el reclutamiento de enfermeros de la UE había ayudado a paliar esa falta, especialmente en Londres, donde el porcentaje de enfermeros del continente europeo es de alrededor del 14%, es decir, el doble del promedio nacional británico. Al King’s College Hospital, la enorme institución donde trabaja Pardela, le faltan 528 enfermeros y parteras, y 318 médicos.

Es casi seguro que el Brexit vuelva aún más difícil y costoso reclutar personal del continente, suponiendo que haya alguien que siga dispuesto a mudarse a Gran Bretaña.

Ni siquiera queda claro cuál será el estatus legal de los ciudadanos de la UE que ya viven en Gran Bretaña, ya que depende de las estancadas negociaciones sobre el Brexit entre Bruselas y Londres.

Muchos temen perder sus derechos, su estabilidad laboral, sus jubilaciones y el acceso gratuito a la salud pública.

Esa incertidumbre es una de las razones que impulsa a muchos profesionales de la salud oriundos de la UE a abandonar el país o a pensar en hacerlo.

En los doce meses posteriores al referéndum, casi 10.000 de ellos renunciaron al NHS, y la cantidad de enfermeros de la UE que se registraron para practicar su profesión en Gran Bretaña cayó en casi un 90%.

Hasta el momento, sin embargo, no hay un éxodo masivo de regreso al continente: de hecho, la cantidad de personal proveniente de la UE que trabaja en el servicio de salud incluso creció un poco en el año posterior al referéndum. Pero la tendencia es inconfundible: la cantidad de europeos que abandonan el sistema va en aumento y la cantidad de los que se suman está cayendo.

Durante la campaña por el Brexit, un argumento referido al NHS ayudó a inclinar la balanza de una votación reñida. Los impulsores del Brexit decían que abandonar la UE le permitiría al gobierno británico repatriar unos 463 millones de dólares semanales desde Bruselas y gastarlos en el sistema de salud.

Era una promesa tentadora, pero falsa: Gran Bretaña destina solamente 220 millones de dólares netos por semana al presupuesto europeo, y había pocas posibilidades de que incluso esa cifra menor hubiese ido a parar enteramente al NHS.

A muchos les preocupa que su preciado sistema de salud esté en riesgo de muerte. Hace unos días, en la misa que celebró en la capilla del King’s Hospital, el capellán pidió protección a Dios “ante los efectos del Brexit”.

“El NHS está en el ADN de los británicos -dice Shelley Dolan, jefa de enfermería y directora ejecutiva de la maternidad del King’s Hospital-. Y Europa está en el ADN del NHS”.

Si el NHS ha logrado mejores resultados en salud que otros países que destinan recursos mucho más cuantiosos -como Francia, que tiene una población similar, pero el doble de camas de hospital- se debe en gran medida a la gente, según Cyril Noël, un médico francés que ha trabajado en ambos sistemas y a quien le cuesta aceptar que un país al que tanto ama ahora lo rechace.

“Tengo sentimientos encontrados a la hora de ayudar a estas personas que manifestaron su deseo de deshacerse de nosotros”, señaló.

Hace un par de semanas, cuando Noël arrancó su turno de la tarde en la guardia de emergencias del King’s Hospital, en su sector ya faltaban 24 camas y había cuatro enfermeras menos.

“El NHS es un sistema increíblemente resiliente -dice Noël-. El personal es muy dedicado, y cuando el sistema cruje, trabaja todavía más”.

Pero el Brexit obligó a muchos empleados europeos a recalcular. “Uno pasa por cinco etapas con el tema del Brexit”, dice Noël. Primero vino el 충격, después la negación (“Quedate tranquilo, no va a cambiar nada”).

En determinado momento se desencadenó la furia, como consecuencia de una serie de noticias desagradables, como la intención del gobierno de solicitarles a las empresas el listado de sus empleados extranjeros, una medida de la que luego se retractó. La furia dejó luego paso a la depresión, y según Noël, ahora él llegó a la etapa final: la aceptación.

“El Brexit tuvo un tremendo impacto psicológico -dice-. Uno se siente rechazado como grupo”.

Eso significa que el año próximo Noël se irá de Gran Bretaña rumbo a Dubai, donde ya le ofrecieron un puesto en un hospital.

Katrin Bennhold, The New York Times – Traducción de Jaime Arrambide

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