Foto: El líder del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Corker, se sienta para dar inicio a la sesión, el 14 de noviembre de 2017. (Reuters)
El líder del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Corker, se sienta para dar inicio a la sesión, el 14 de noviembre de 2017. (Reuters)

2017年11月15日 - 05:00 H.

Por primera vez en más de cuatro décadas, el Senado estadounidense está evaluando los poderes presidenciales para lanzar un ataque nuclear. El Comité de Relaciones Exteriores de la cámara celebró ayer la primera sesión sobre esta cuestión, titulada “Autoridad para Ordenar el Uso de Armas Nucleares”. La última vez que este tema fue examinado oficialmente fue en marzo de 1976.

Los senadores del Partido Demócrata, los promotores de la iniciativa, no ocultan que el motivo es su desconfianza en ドナルド ・ トランプ “Nos preocupa que el presidente de Estados Unidos es tan inestable, tan volátil, su proceso de toma de decisiones es tan quijotesco que podría ordenar un ataque con armamento nuclear que esté espectacularmente en contradicción con los intereses de seguridad nacional de EEUU”, declaró ayer el senador Chris Murphy. “Simplemente reconozcamos la naturaleza excepcional de este momento”, indicó.

No obstante, el moderador de la sesión, el republicano Bob Corker -quien el mes pasado aseguró que Trump podría estar llevando a EEUU “al camino de la Tercera Guerra Mundial- asegura que “no está dirigida específicamente a nadie”. Y ese puede ser, precisamente, el gran problema para que se apruebe una revisión de los protocolos de uso del arsenal nuclear del país. Mientras la mayoría de los congresistas y senadores estadounidenses de ambos partidos estarían encantados en ver cómo se limitan las capacidades de un presidente que ha demostrado una ignorancia asombrosa sobre qué implica el armamento atómico, no parecen dispuestos a apuntalar una legislación que servirá también para limitar a los futuros ocupantes del Despacho Oval.

El sistema actual, diseñado durante la Guerra Fría, estaba pensado para que el presidente pudiera reaccionar lo más rápidamente posible en caso de ataque de la URSS. “Tiene que tener la capacidad de responder si estamos bajo ataque”, subrayó el republicano Marco Rubio, y no verse restringido por “un grupo de abogados de búnker”.

Muchos críticos argumentan que no tiene sentido mantenerlo en el contexto actual, especialmente con un inquilino en la Casa Blanca que ha prometido responder al régimen norcoreano con “fuego y furia como el mundo nunca ha visto”, y que no se caracteriza por su autocontención. Trump, además, es un entusiasta de las armas nucleares: su Administración está preparando una nueva doctrina nuclear que elimina casi todas las restricciones al uso de armamento atómico impuestas por el Gobierno de Barack Obama, y el propio Trump ha expresado su deseo de aumentar exponencialmente el número de cabezas nucleares 国。

Manifestantes antinucleares se sientan en el Senado durante la sesión sobre la autoridad presidencial para el uso de armas atómicas. (Reuters)
Manifestantes antinucleares se sientan en el Senado durante la sesión sobre la autoridad presidencial para el uso de armas atómicas. (Reuters)

“No estoy preparado para proceder”

En ese sentido, en lo que va de año se han producido dos iniciativas legislativas destinadas a prohibir una acción unilateral del presidente en este ámbito; la primera, presentada en enero, pretende exigir la autorización del Congreso para poder utilizar armas atómicas. La segunda, introducida el pasado octubre, está dirigida específicamente a vetar un ataque contra Corea del Norte. Ninguna de las dos ha prosperado.

Pero la cuestión sigue sobre la mesa, como demuestran estas sesiones en el Senado. Por la cámara han desfilado varios expertos que han tratado de arrojar luz sobre qué sucedería en caso de que Trump decidiese ordenar un ataque nuclear. El general retirado C. Robert Kehler, antiguo comandante del Mando Estratégico de EEUU, a cargo del arsenal nuclear, indicó ayer que habría seguido las órdenes del presidente si estas se producen dentro de la legalidad. Preguntado qué haría si tuviese dudas sobre dicha legalidad, respondió que lo habría consultado con sus asesores, especialmente si se trataba de un ataque preventivo y no de una respuesta específica a una amenaza, dando algo más de margen para actuar.

En ciertas circunstancias, señaló Kehler, “habría dicho: ‘No estoy preparado para proceder’”. El senador republicano Rob Johnson le preguntó: “¿Qué pasa entonces?”. Kehler contestó: “No lo sé”, arrancando carcajadas en la sala. Pero, como indica la BBC en su crónica de la sesión, eran ante todo risas nerviosas.

Por su parte, el profesor Peter Feaver, un antiguo miembro del Consejo Nacional de Seguridad, explicó que en situaciones en las que el ejército avisa al presidente de un ataque en marcha, éste sería la única persona con autoridad para decidir si lanzar un contraataque de respuesta. Pero en caso contrario, la cosa sería bastante más complicada. “El presidente solo no podría efectuar el ataque. Necesitaría que un montón de gente cooperase con él para hacer que el ataque tuviera lugar. Y estarían haciéndole preguntas que retrasarían el proceso”. Además, a los oficiales del ejército de EEUU se les exige que se nieguen a cumplir una orden claramente ilegal. En otras palabras: probablemente Trump no podría lanzar un bombardeo atómico contra Pyongyang solo porque le ha sentado mal un insulto de 金正日 -、.

Pero por si acaso, algunos Demócratas son partidarios de no dejar nada al azar. “No creo que debamos confiar en que los generales sean un contrapeso al presidente”, afirmó el senador Edward Markey. Porque además, las restricciones que los militares podrían imponer a Trump no eliminan el otro factor que, según la mayoría de los expertos, es el que más probabilidades tiene de acabar provocando una guerra: el riesgo de una mala interpretación de las intenciones del enemigo. Y ahí entran los incendiarios tuits presidenciales. “Estoy muy preocupado por un posible error de cálculo basado en el uso continuado de su cuenta de Twitter en relación con Corea del Norte”, subrayó Brian McKeon, un antiguo oficial del Pentágono y del CNS, haciéndose eco de los temores de algunos senadores, que saben que, incluso si se le restringe el acceso al ‘botón nuclear’, Donald Trump seguirá teniendo acceso a su teléfono móvil.

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