El quinto disco de estudio de Vetusta Morla termina con el mismo acorde que comienza, con un desaparecer que invita a volver a escucharlo en bucle. Contrariamente a lo que pueda parecer, la cuadratura del círculo no es una obsesión para ellos y esa es solo una bonita casualidad que como muchos otros aspectos de Mismo Sitio Distinto Lugar fue un resultado creativo que se desarrolló en paralelo a la producción. Un proceso que han llevado a cabo después de llenar dos veces seguidas el Palacio de los Deportes de Madrid y de lograr casi todo el reconocimiento que es posible alcanzar en el indie español.

El sitio al que querían llegar durante este nuevo viaje era geográfico, y el lugar, emocional. “Lo que representa para ti un sitio, para otro puede ser otro lugar dependiendo de cuándo le preguntes”, explican. “Y es lo que pasa con las canciones, que son posiciones de un CD, pero que depende del oyente se convierten en compañeras de batalla, de viaje, o de lo que sea”.

Describís este disco como una metamorfosis pero también habláis de continuidad. Precisamente los dos primeros singles parece que llamen a eso: un primero (Te lo digo a ti) desconcertante y radical, con un videoclip bomba, y un segundo (Deséame suerte) que parece decir que sois los de siempre. ¿Era esa vuestra intención? ¿Así lo ha recibido la gente?

Guillermo Galván: El disco es el resultado de un proceso de transformación de la banda que nos ha llevado por un lado a hacer una especie de lupa en lo que nos define, en la masa madre, y por otro en cuáles son las cosas que necesitamos renovar, los elementos que podemos aportar para dar en 2017 un paso adelante. Y los dos adelantos reflejan muy bien esos dos mundos: Te lo digo a ti está muy basada en la sonoridad, muy diferente a la que estamos acostumbrados, y después llega Deséame suerte casi como un abrazo, un “no te preocupes, estás en casa”. Aunque las dos tengan algo de ambas cosas.

Jorge González: Nos gustan las canciones o los discos a los que cuesta llegar, porque eso significa que tienen muchas capas y que hay muchas escuchas por delante en las que se va revelando todo. Ha sido un reto para mucha gente escuchar Te lo digo a ti, pero creo que con las semanas y con el tiempo han entendido y valorado positivamente la propuesta.

El disco lo habéis grabado en Berlín, con vosotros coproduciendo junto a Carles Campi Campó. ¿Qué ha implicado?

Guillermo: En este proceso de llegar a un sitio distinto era necesario incorporar a gente distinta, abrir las puertas y ventanas de la casa y dejar que entrara aire en nuestro universo, en la manera de trabajar asentada de muchos años. Hacerlo en Berlín provocó convivir en una ciudad que a lo largo del siglo XX ha tenido muchas capas y cambios: dos guerras mundiales, la guerra fría, el muro, un movimiento contracultural…

Nos parecía bonito ocuparla, además, porque es donde otras bandas y músicos que admiramos, como Bowie o U2, han hecho cosas nuevas con su carrera. Fuimos con cierta intuición, intentando seguir un rastro que nos pedía hacer todo de manera muy orgánica, canción por canción, en lugar de por pistas. Así nos fuimos con todo el material a Cassadaga (Nueva York), con tiempo suficiente para trabajar con Dave Fridmann en la fase de mezclas, que ha sido mucho más creativa que en otros casos y han cabido más innovaciones.

El otro día le oía decir a la periodista especializada en flamenco Silvia Cruz Lapeña que el contexto en el que se escriben las canciones siempre importa.

Guillermo: Mucho, está claro. Y es curioso: pensábamos que este era un disco muy introspectivo, y con el transcurrir de los meses y viendo lo que va sucediendo fuera, nos hemos dado cuenta de que habla mucho de lucha, de careo constante entre alguien; y de metamorfosis, de conformar una identidad nueva.

Nos hemos dado cuenta de que esa lucha de ahí fuera del tú y el yo, esa trinchera entre mi identidad y la tuya, esa paranoia o neurosis de que el otro es el enemigo, tiene mucho que ver con lo que hablamos o con la manera en que han crecido estas canciones. Y al final, te das cuenta de que ni el ‘tú’ es tan distinto ni el ‘yo’ es tan fundamental en la vida, y que la identidad tiene que estar conformada por ese ‘yo’ y ese ‘tú’ en un espacio de diálogo, de comunicación, y sobre todo de empatía.

Parece que la empatía hoy en día es casi un enemigo, ser empático es casi un insulto porque hay que atrincherarse y demostrar que eres tú contra el de al lado. Y de eso hay mucho en el disco, y no ha sido de manera predeterminada. Ojalá la música y el arte ayuden a generar y desarrollar la empatía que tanto necesitamos en este momento.

¿Le acabar con la paciencia de un día Copenhague? ¿Sentís el peso de lo que es esa canción en el imaginario indie español?

Jorge: Todas las canciones son igual de importantes para nosotros, de hecho esto siempre nos parece un reto: en la gira pasada actualizamos algunas canciones, como Un día en el mundo la Saharabbey Road. Para nosotros es importante contar con todas para construir un repertorio que refleje lo que sentimos en ese momento. Si tienen que mutar para que nos sintamos más cerca o cómodos con ella, lo harán. Por el contrario, si se cae alguna, como Copenhague, será porque sus compañeras de repertorio no son las más adecuadas. Hay otras, como Rey Sol, que la gente tiene como himnos y que no solemos tocar.

¿Cómo vivisteis que Golpe Maestro se convirtiera hace dos años en el himno de Podemos de cara al 20D?

Guillermo: En aquel momento, Golpe Maestro era una reflexión, o un grito, sobre esa sensación de ultraje y robo, no solo material, sino moral al que estábamos, y estamos, sometidos. Que ataca a lo más básico que tenemos que son nuestros derechos, libertades, y todo aquello que nos habían dicho que formaba parte de nuestra vida, para poner por encima intereses económicos, empresariales… Son ataques a lo público, a lo que genera convivencia, al fin y al cabo. Había una necesidad de escribir esa canción, que creo que sigue vigente hoy en día. Y en el momento en el que escribes una canción pasa a formar parte de la manera de pensar, de sentir y de las experiencias y usos que quiera hacer cada uno de ella.

Entonces, os pareció bien.

Jorge: Cuando haces una canción y la compartes, pasa a ser de la gente. La única vez que hemos hecho canciones expresamente para un uso ha sido la banda sonora de un videojuego, todo lo que demás son experiencias personales que transmiten realidad y vivencias.

Una crítica recurrente que cae sobre la escena indie es que los grupos no se mojan, ¿por qué pasa?

Guillermo: Al desarrollar tu carrera siempre piensas en que quieres ser honesto con quien eres. Y la mirada a lo que sucede alrededor y de tu contexto social tiene que estar evidentemente en tu trabajo: eso es lo que te hace ser una banda diferente en 2017 que en 1980. Y yo creo que la visión, la mirada política, está en cada una de las cosas que hacemos en la vida y en cada una de las decisiones; parece que la política se ha recluido a lo que sucede en el Parlamento entre gente que trabaja ahí durante cuatro años. Y no, forma parte de la vida de todos, del día a día, de cómo hacemos más sanas y equilibradas nuestras relaciones.

Otra crítica al indie, o a la escena musical en general, es que hay unas dinámicas y poderes bastante machistas.

Guillermo: Yo te puedo hablar en el sentido musical más amplio de la palabra: al igual que todos los espacios de la sociedad es un reflejo, y evidentemente la sociedad que vivimos tiene muchos dejes machistas en todos los ámbitos. No creo que más en la música ni en el indie. Aunque evidentemente queda mucho por evolucionar: todo lo que decíamos antes de la empatía está relacionado con la igualdad, un reto importante de los próximos años.

Jorge: Yo creo que ahora mismo en nuestra escena hay una cantidad de mujeres super válidas haciendo música super interesante, es un buen momento: Aurora and the Betrayers, Lucía Scansetti, Las Odio Mazo, Zahara, Maika Makowski… Una lista bastante interminable de mujeres que están al frente, que quizá hace unos años no eran tan visibles. Y un montón de movimientos para que las programaciones sean al 50%.

Pero no suele ser así. ¿Qué pensáis cuando vais a un festival con un 80% de cartel masculino, como suelen ser más o menos la mayoría? ¿Os lo planteáis?

Guillermo: Sí lo piensas. Y también en una cosa que me llama mucha la atención, y es que no hay, o hay muy pocas, mujeres que sean técnicos de sonido, que estén en monitores, etc. Pero la pregunta no es por qué no están en festivales, sino por qué en un momento dado de la educación de hombres y mujeres a esa rama acuden más hombres. Es una reflexión interesante, qué hay detrás de eso, al final es la consecuencia de algo que es sobre todo educacional y cultural. Porque desde luego, paridad en la música, misma cantidad de mujeres y de hombres en los espacios, no hay.

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