Foto: Philip Hammond presentando los presupuestos en la Cámara de los Comunes, el 22 de noviembre de 2017. (Reuters)
Philip Hammond presentando los presupuestos en la Cámara de los Comunes, el 22 de noviembre de 2017. (Reuters)

22/11/2017 - 19:21 H.

Si hay alguien que tenga más cuestionada su continuidad en el Gobierno británico –aparte de la propia Theresa May– es Philip Hammond, ministro del Tesoro y uno de los miembros más eurófilos del actual y debilitado gabinete. Con la presentación este miércoles de los Presupuestos para el próximo año, el tory sabía que su futuro estaba en juego. Pero no tenía un escenario fácil.

Sin mayoría absoluta en Westminster (los conservadores la perdieron en las generales de junio), no podía apostar por medidas polémicas. Sin el apoyo de los llamados “brexiteros”, no podía permitirse decir algo que se interpretara como una visión negativa de los efectos de la salida del bloque. Y sin el respaldo en las encuestas (donde los laboristas van ganando cada vez más adeptos), tampoco podía seguir a cabo con la era de la austeridad. Así que el resultado ha sido un discurso más bien plano. Pero nadie puede culparle porque la economía británica es un partido que ha dejado de jugarse en casa.

Las medidas anunciadas para vivienda, coches eléctricos o sector público tendrán un impacto mucho menor para los bolsillos de los británicos que el acuerdo -o no acuerdo- que se llegue con los Veintisiete. Los ajustes al sistema tributario pueden ser insignificantes en comparación con el futuro de Angela Merkel. Y cualquier dinero extra que se destine para el Sistema Nacional de Salud supondrá sólo una pequeña fracción de los miles de millones de libras que Londres debe hacer frente para pagar la factura del divorcio.

Celia Maza. Londres

En definitiva, las decisiones que realmente importan para las finanzas británicas ya no se toman en el ministerio del Tesoro sino Bruselas, donde el próximo mes tendrá lugar una cumbre clave en la que pueden darse dos escenarios: se podría empezar a negociar el futuro acuerdo comercial que existirá entre el Reino Unido y la UE tras el histórico divorcio, o las conversaciones podrían quedar en un punto muerto que precipitaría una guerra por el liderazgo en el Partido Conservador e incluso nuevas elecciones en el Reino Unido.

En este sentido, bajo la atenta mirada de May –con la que ahora tiene una relación bastante fría- y cediendo a las presiones del ala más euroescéptica de las filas tories, Hammond ha anunciado un plan de contingencia para los dos próximos años de 3.000 millones de libras (3.300 millones de euros). El montante se sumará a los casi 700 millones de libras (788 millones de euros) que el Ejecutivo ha invertido hasta la fecha en el proceso de salida del bloque, que quiere culminarse el 29 de marzo de 2019 a las 23 horas GMT.

Con un tono poco creíble, el Chancellor ha asegurado que por encima de los “desafíos y retos” que se presentan, el Brexit ofrece “oportunidades”. No obstante, las previsiones de crecimiento no son especialmente optimistas. El PIB crecerá un 1,5% en 2017, frente al 2% previsto; un 1,4 % en 2018, por debajo del 1,6 % previsto; un 1,3 % en 2019, otro 1,3 % en 2020, un 1,5 % en 2021 y un 1,6 % en 2022.

Varias personas participan en una protesta proeuropea junto al Parlamento en Londres, el 21 de noviembre de 2017. (EFE)
Varias personas participan en una protesta proeuropea junto al Parlamento en Londres, el 21 de noviembre de 2017. (EFE)

Hammond, “ni debilitado ni fortalecido”

¿Ha ganado Hammond un poco de oxigeno? Según Leopold Traugott, del reputado Think Tank Open Europe, “su posición no está particularmente ni debilitada ni fortalecida en comparación con antes”. “Los Presupuestos no han sido particularmente emocionantes. No hubo grandes sorpresas. El Chancellor se ha aferrado a un programa muy básico, también porque el pronóstico de un menor crecimiento económico no le dejaba mucho margen de maniobra”, asegura a El Confidencial.

Los tories euroescépticos tienen especial interés por deshacerse del ministro del Tesoro, con el que no comparten su visión de un “Brexit blando”. Pero ahora su interés se ha centrado más en otra figura política que se encuentra muy debilitada. Y en esta ocasión no es May, sino Merkel. Algunos de los “brexiteers” con más peso de la formación están presionando a la premier para que aproveche la crisis de la alemana –que prefiere ir a otras elecciones antes que gobernar en minoría– y suspenda los planes de ofrecer más dinero para la factura del divorcio.

Traugott advierte sin embargo que la teoría de que “Londres puede salir ahora beneficiado en las negociaciones del Brexit porque Merkel va a estar más pendiente de asuntos internos no tiene ningún sentido”. “Las negociaciones las llevan a cabo un equipo de diplomáticos y expertos que va a seguir adelante. Además, es muy importante resaltar que todos los partidos mayoritarios en Alemania comparten la visión de Merkel y aunque ahora puedan estar más presionados por el auge la extrema derecha, no van a cambiar de estrategia porque, a diferencia del Ukip en el Reino Unido, los partidos de extrema derecha alemanes no quieren salir de la UE”, matiza.

En este sentido, May no ha cedido a las demandas y está dispuesta a ofrecer hasta 40.000 millones de libras (unos 45.100 millones de euros) como factura de divorcio para desbloquear las negociaciones en la próxima ronda de conversaciones prevista para mediados de diciembre. La premier contaría con el beneplácito de Boris Johnson y Michael Gove –los brexiteers por excelencia-. Eso sí, le han pedido que no hable en público de una cifra concreta para evitar repetir el error cometido con el discurso de Florencia, cuando May anunció 20.000 millones de libras y Bruselas dijo que sólo era un buen punto de partida.

La estrategia ahora de Downing Street es “no hay nada acordado, hasta que todo esté acordado”. En esta línea, May presentará de manera informal la cifra al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en una reunión que ambos mantendrán este viernes. La oferta se hará de manera formal al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en una cena el 4 de diciembre.

La premier quiere que los Veintisiete acepten primero la cifra antes de la cumbre del 15, donde quiere comenzar a hablar del futuro acuerdo comercial. Hasta que no se avance en este sentido, según Londres, no se puede especificar el tema de la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte, otro de los asuntos que Bruselas quiere zanjar –junto con los derechos de los ciudadanos– antes de pasar a la segunda fase. Traugott se muestra optimista y coincide con la postura expresada en los últimos días por altos funcionaros de la UE que creen que hay “más posibilidades que nunca” de que al fin se aprueben los “progresos suficientes” para empezar a hablar de las futuras relaciones comerciales.

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