Foto: Manifestantes proestadounidenses saludan la visita de Donald Trump a Seúl, el pasado 6 de noviembre. (EFE)
Manifestantes proestadounidenses saludan la visita de Donald Trump a Seúl, el pasado 6 de noviembre. (EFE)

22/11/2017 - 12:48 H.

El pasado lunes, el presidente estadounidense Donald Trump volvió a incluir a Corea del Norte en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, de la que había salido en 2008 como parte de las negociaciones en marcha con EEUU. La idea estaba en el aire desde hacía un par de años, pero su adopción por Trump ha sido recibida con cierta sorpresa por aquellos que esperan una salida diplomática a la crisis. El propio Secretario de Estado Rex Tillerson ha admitido que será una medida “en gran medida simbólica” que añade poco a las sanciones ya impuestas contra el país.

Por decisiones como esta, Trump tiene a la cúpula del régimen de Pyongyang totalmente desconcertada. A finales de septiembre, Anna Fifield, corresponsal del Washington Post en Tokio, desveló que altos funcionarios norcoreanos han trabado contacto con expertos estadounidenses vinculados al Partido Republicano para tratar de interpretar a Trump, sus mensajes y sus acciones, a menudo contradictorios. “Su preocupación número uno es Trump. No consiguen entenderle”, le dijo a Fifield una persona con conocimiento directo de estos contactos.

Según el artículo, los norcoreanos tantearon a Bruce Klingner, un antiguo analista de la CIA que hoy trabaja como experto en Corea del Norte para la Fundación Heritage, y a Douglas H. Paal, experto en Asia en el Consejo de Seguridad Nacional con los presidentes Ronald Reagan y George Bush padre, y ahora en el Fondo Carnegie para la Paz Internacional. Ambos declinaron la invitación. Pero de acuerdo con Fifield, se han producido al menos siete contactos de este tipo, en lugares neutrales como Ginebra, Singapur y Kuala Lumpur.

“Los norcoreanos están haciendo contacto a través de varios canales y de varios interlocutores. Mi sospecha es que están de algún modo perplejos por la dirección en la que está yendo EEUU, así que están intentando abrir canales para tomarle el pulso a Washington”, señala Evans Revere, un ex funcionario del Departamento de Estado con experiencia en el trato con Corea del Norte. “Nunca han visto actuar así a EEUU anteriormente”, indica.

Revere participó hace meses junto a Ralph A. Cossa, director del Foro del Pacífico en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, en un encuentro multilateral en Ginebra al que asistieron funcionarios norcoreanos. Según los estadounidenses, éstos tenían un “conocimiento enciclopédico” de los tuits de Trump sobre su país, hasta el punto de que podían citarlos palabra por palabra.

Una situación menos extraña de lo que parece: según el portal especializado 38North, los servicios de inteligencia norcoreanos poseen muy buenos espías e información en Corea del Sur, pero una infraestructura muy pobres en Estados Unidos, por lo que se ven obligados a recurrir a fuentes abiertas. Pero para los analistas, resulta difícil evaluar las verdaderas intenciones de Trump a partir de sus comentarios y decisiones. De ahí la necesidad, para Pyongyang, de encontrar “intérpretes”.

Fachada de la Misión Permanente de Corea del Norte en Ginebra, Suiza, el 17 de noviembre de 2017. (Reuters)
Fachada de la Misión Permanente de Corea del Norte en Ginebra, Suiza, el 17 de noviembre de 2017. (Reuters)

“¿Están jugando al poli bueno-poli malo?”

La mayoría de los estadounidenses que han participado en este tipo de encuentros prefiere mantener un perfil bajo. No obstante, una de ellos, Suzanne DiMaggio, una académica del think tank progresista New America especializada en conversaciones con “estados canallas”, concedió hace pocos días una extensa entrevista a Político.

“Quieren saber si está loco, o si simplemente está actuando”, indica DiMaggio. “Realmente quieren saber cuál es su juego final”. Entre los temas abordados por la académica en sus conversaciones con los norcoreanos -celebradas en cuatro ocasiones en el último de año, en Ginebra, Pyongyang, Oslo y Moscú– está la relación entre Trump y Tillerson (“¿Están jugando al poli malo-poli bueno?”), la investigación sobre el Rusia-gate o los esfuerzos de la Casa Blanca para anular el acuerdo nuclear con Irán. “Eso ha enviado un mensaje claro a los norcoreanos: ¿Por qué deberían llegar a un acuerdo con nosotros si no vamos a mantenerlo?”, apunta DiMaggio. “Cuestionan este comportamiento errático, y también sus crecientes problemas en casa, con la investigación conducida por Robert Mueller, y preguntan: ‘¿Por qué deberíamos empezar negociaciones con la Administración Trump, cuando Donald Trump podría no seguir siendo presidente durante mucho tiempo?’”.

Tanto DiMaggio como Joel Wit, un ex diplomático experto en Corea del Norte y cofundador de 38North, han llevado a cabo durante años este tipo de iniciativas, conocidas en relaciones internacionales como “diplomacia de carril dos” por su carácter no oficial, que tratan de mantener abiertas vías de comunicación entre actores cuyo contacto por canales normales sería difícil de justificar políticamente. DiMaggio y Wit salieron a la luz recientemente en un artículo de opinión en el New York Times, relatando la disposición inicial que Pyongyang había mostrado hacia unas conversaciones, que podrían haber conducido a una solución diplomática a la crisis. En lugar de eso, los exabruptos de Trump han enterrado esa posibilidad casi definitivamente. “Normalmente no hablo sobre mi trabajo “de carril dos” de forma tan pública. Pero estos tiempos están lejos de ser normales”, tuiteó DiMaggio.

“Basándome en mis conversaciones con ellos inmediatamente después de la toma de posesión [de Trump], cuando viajé a Pyongyang para encontrarme con ellos, me dejaron muy claro que esto podía ser un nuevo comienzo. Ciertamente no tenían ninguna ilusión de que las cosas fuesen a ser fáciles, pero creo que estaban dispuestos al menos a considerar la idea de conversaciones con Estados Unidos sin precondiciones en aquel momento”, dice ahora DiMaggio. “Mi preocupación es que debido a todas esas declaraciones contradictorias y a las amenazas, la estrecha ventana que se ha abierto para llevar a cabo unas conversaciones se está cerrando gradualmente”, asegura.

Algunos expertos consideran que, bajo la capa de retórica amenazante que emana de Pyongyang, hay una lógica cuidadosamente pensada para que no desate una guerra que en realidad no desea. “Los norcoreanos saben cómo medir sus palabras. Saben cómo calcular su apuesta. No son imprudentes”, opina Cheon Seong-whun, investigador del Instituto Asan de Estudios Políticos de Seúl. Sin embargo, “el nivel de comprensión mutua entre Estados Unidos y Corea del Norte es bajo, mientras que las posibilidades de un malentendido son altas”, afirma. Y así seguirá siendo, a no ser que los norcoreanos aprendan a ‘leer’ definitivamente al presidente estadounidense.

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