Las sandalias de algunas de las víctimas del atentado permanecían ayer frente a la mezquita
Las sandalias de algunas de las víctimas del atentado permanecían ayer frente a la mezquita. Foto: AP

EL CAIRO.- La bandera negra de Estado Islámico (EI) flameó entre los cerca de 30 milicianos que atacaron anteayer la mezquita sufí en la Península del Sinaí, confirmaron ayer las autoridades egipcias, que activaron un operativo con aviones bombarderos a la caza de los criminales que perpetraron la peor matanza de la historia del país.

La cantidad de muertos subió a 305, entre ellos, 27 chicos. El ataque dejó, además, 128 heridos, muchos de los cuales dieron testimonio de la repentina irrupción de los jihadistas, que orquestaron una redada casi perfecta con explosivos y fusiles.

“Era un número de entre 25 y 30 atacantes, llevaban la bandera de EI y tomaron posiciones frente a la puerta de la mezquita y sus 12 ventanas con rifles automáticos”, informó la fiscalía general en un comunicado, en el que precisó que llegaron a bordo de cinco camionetas 4×4. Los hombres armados, algunos con máscaras y uniformes militares, rodearon la mezquita, bloquearon las ventanas y un acceso, y luego de hacer estallar una bomba fuera del templo dispararon a mansalva sobre los fieles.

“Testimonio de que no hay Dios excepto Alá y de que Mahoma es su mensajero”, decía la bandera que enarbolaban los asesinos, la profesión de fe del islam que los jihadistas hicieron suya.

Horas después de la promesa del presidente egipcio, Abdelfatah al-Sisi, de “vengar a los mártires”, las fuerzas armadas comenzaron a bombardear posiciones de grupos extremistas y destruyeron “un número de vehículos utilizados en el ataque terrorista” en la mezquita de Al-Rawda, situada en Bir al-Abed, el pueblo convertido en el centro de una tragedia de dimensión internacional.

Todas las víctimas del ataque, uno de los más cruentos del mundo desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, fueron enterrados en conformidad con la tradición musulmana. Los feligreses que asistían a la mezquita eran adeptos al sufismo, miembros de un movimiento místico dentro del islam, a quienes los fanáticos jihadistas consideran herejes y pasibles de ser ejecutados.

Miles de habitantes de Mit Habib, un pueblo vecino al lugar del ataque, asistieron a los funerales del director de la escuela de Bir al-Abed y de su hijo, en una escena que se replicó en diferentes poblados de la zona con las demás víctimas de la masacre.

Con los cuerpos del docente y su hijo sobre sus hombros, los vecinos de Mit Habib gritaban, con lágrimas en los ojos: “Sólo hay un Dios, Alá; el mártir es el amado de Dios”.

Ebid Salem Mansour, un trabajador de 38 años de una fábrica de sal cercana, contó que se instaló hace tres años en Bir al-Abed para escapar de la violencia recurrente en otros sitios del Sinaí. Esa frecuentación de la muerte, que lo persiguió a su pesar como una marca del destino, lo hizo entender de inmediato lo que pasaba en la mezquita.

“Sabíamos que los extremistas atacaban la mezquita. Todos se tiraron al suelo y mantuvieron la cabeza baja. Si la levantabas, te disparaban”, relató Mansour. “Al principio el tiroteo fue al azar y frenético, y luego fue más deliberado. Mataban a todos los que no estaban seguros que estuvieran muertos o si notaban que seguían respirando”, agregó.

Mansour no logró salir ileso de la infernal batería de fuego, que le dejó dos balazos en las piernas. La balacera duró varios minutos e incluso se prolongó con la llegada de las ambulancias, convertidas en nuevo blanco de las armas de los jihadistas.

El ataque a la mezquita sería un cambio de táctica de los extremistas en la Península del Sinaí, que solían atentar contra tropas militares y policías, y más recientemente trataron de extender la insurgencia en atentados contra iglesias y peregrinos cristianos.

Testimonios del horror

“El panorama era terrible, no se puede describir. Disparaban con desenfreno. Dejaron tantas balas dispersas que con los casquillos tirados en el suelo se puede llenar una bolsa” – Ibrahim Shetewy

“En el ataque murieron 18 miembros de mi familia. ¿Dónde estaba el ejército en ese momento? Ellos tienen una base a unos pocos kilómetros de la mezquita. Es una pregunta que no puedo responder” – Mohammed Ali

“Los milicianos de EI habían amenazado antes a la gente del pueblo de que si seguían con sus rituales sufíes la matarían. Y la llamaban idólatra” – Mohammed Jalil

Agencias AP, AFP, ANSA y Reuters

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