En algún momento de su vida, el maestro Martínez Ares escribió de su puño y letra las siguientes palabras:

Metamorfosis, tiempo nuevo,
nos falta todo por hacer,
miedo, ¿quién dijo miedo?
No queda nada que perder.

El significado de la letra, honestamente, nada tiene que ver con el análisis que prosigue a estas líneas. Pero si me preguntasen qué supone —y puede llegar a suponer— el V30 para sus padres, creo que no habría mejores palabras para describirlo.

Lejos queda la época modular de LG.

Como Los Cobardes promulgaron en el Gran Teatro Falla, el V30 es una metamorfosis, el comienzo de un tiempo nuevo y, sobre todo, el asentamiento de unos ideales alejados del miedo a perder.

Nada tiene que ver este producto con los cuerpos de piel y las piezas móviles de años anteriores. La época de los extraños experimentos ha llegado, afortunadamente, a su fin. Ahora es el momento de conquistar el momento a base de calidad, refinamiento y prestigio; y el V30 es, precisamente, una primera muestra de ese propósito.

Amor a primera vista

Desde el primer momento en el que tocas el V30 te das cuenta de que algo ha cambiado en LG. Detalles tan simples como la simetría horizontal o el leve reflejo que muestra la zona trasera cuando la luz incide sobre ella son solo algunas pequeñas muestras del mimo que la compañía ha puesto en el diseño y la construcción de este teléfono.

Estéticamente parece tomar inspiración del Galaxy S8, aunque sin la curvatura de la pantalla y con una trasera mucho mejor resuelta. Las cámaras traseras llaman menos la atención y el lector de huellas dactilares se sitúa en un lugar mucho más propicio y accesible. Si no fuera por la presencia de los logotipos (B&O y LG), la parte trasera del V30 sería digna de un museo.

Además de ser una bella pieza de hardware, el V30 es también un producto muy cómodo de usar. La ligera curvatura de la zona trasera, el tamaño global del teléfono y la ubicación de elementos le convierte en un producto fantástico para la mano. Es ergonómico, se agarra con facilidad y el sensación que transmite su construcción está, sin duda, al nivel de los mejores. Como diría Dumbledore, diez puntos para LG.

A esta cuidada estética y refinada construcción hay que sumar el buen rendimiento que ofrece este teléfono. El V30 es, sin duda, uno de los productos que más rápido funciona y que mejor fluye. En el ecosistema Android, solo el Pixel 2 XL de Google y el OnePlus 5T se sitúan por delante (por razones obvias).

No importa si realizas tareas sencillas o eres un usuario exigente. El teléfono responde como se espera, y eso es siempre algo positivo.

Lo mismo sucede con el audio, donde LG ha hecho un gran énfasis desde el momento en el que este producto vio la luz. La asociación con B&O y la integración de un DAC más avanzado le sienta de maravilla al V30. La experiencia musical de este teléfono es increíble.

Un par de detalles rápidos sobre el sonido:

  • El fabricante incluye un par de auriculares B&O en la caja del producto. Su valor teórico es superior a los 100 euros. Cualitativamente no son increíbles, pero superan con creces a los auriculares que otros fabricantes incluyen en las cajas de sus teléfonos.

  • A través de los altavoces las diferencias con otros productos del sector no son tan palpables. La experiencia es buena, pero no muy diferente a lo que ya hemos podido ver en otros teléfonos de gama alta.

Los detalles marcan la diferencia

Cuando compites en el segmento más alto del mercado, los detalles cobran una relevancia increíble. Ocurre con los automóviles, con la gastronomía y, cómo no, también ocurre con los teléfonos móviles.

Este V30, pese a ser el mejor teléfono que LG ha fabricado en varios años, parece haber dejado atrás algunos de esos vitales detalles que tanto influyen en un producto de gama alta. Los casos más importantes:

  • Pantalla. El panel OLED del V30 es, a simple vista, genial. Mejor en algunos sentidos que el del Pixel 2 XL (fabricado también por LG). No obstante, si se observa detenidamente, se pueden detectar algunos errores en la calibración de la pantalla y un ligero tinte azul cuando se observa el panel desde ciertos ángulos. Ninguno de estos problemas se puede llegar a calificar como “problema muy grave”, pero su presencia es incómoda cuando los productos de la competencia (Samsung) no presentan este tipo de errores.

  • Software. Aunque está bien optimizado, su estética es bastante criticable. En pocas palabras: heterogeneidad de interfaces, dudoso gusto y algunos detalles bastante infantiles.

La escasa atención a detalles clave también afecta a la cámara. LG ha montado un preparar maravilloso: lente muy luminosa (f/1.6), una aplicación fantástica y múltiples modos de disparo y grabación de vídeo. El problema, en cambio, está en el sensor, cuyo tamaño es notablemente menor que el de otros teléfonos de su categoría.

Como resultado, las fotografías en condiciones de baja luminosidad son, generalmente, peores que las capturadas por sus rivales. El nivel de ruido es superior, la cantidad de luz captada es menor y el procesado, en un intento por ocultar el ruido, acaba con parte del detalle de la imagen. Pixel 2 XL, Galaxy Note 8 y X iPhone están, sin duda, un peldaño por delante de LG en este sentido.

Mención especial merece la segunda lente del V30, que cuenta con una menor distancia focal y, por consiguiente, es capaz de abarcar un mayor campo de visión. En algunas situaciones, este sistema resulta de gran utilidad. No obstante, tras pasar unos días usando este teléfono, he de reconocer que el 2x zoom que ofrece la competencia resulta más práctico en el medio y largo plazo.

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Un par de disparos finales sobre la cámara del V30:

  • Nada de modo retrato. El teléfono de LG es uno de los pocos teléfonos de gama alta que no ofrece modo retrato. Samsung, Google, Apple y Huawei sí lo hacen. Incluso productos de precios inferiores ya comienzan a montar este tipo de sistemas. Resulta preocupante que LG no lo haya adoptado aún.

  • Gran macro. El V30 es capaz de enfocar a distancias muy cortas, algo que otros teléfonos de gama alta no siempre ofrecen. Muy útil para hacer fotografías en modo macro.

El último aspecto a comentar sobre el V30 es la autonomía, que toma su base en la batería de 3.300 mAh que LG ha montado en el interior del teléfono.

Sin llegar a ser increíble, esta es capaz de ofrecer una buena autonomía de forma consistente. Es suficiente para llegar al final del día y hacer uso del cargador rápido o del sistema de carga inalámbrica.

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