Campo petrolífero de Priobskoye, propiedad de Rosneft, en Siberia (Rusia).
Campo petrolífero de Priobskoye, propiedad de Rosneft, en Siberia (Rusia). REUTERS

La china CEFC no parece una empresa privada

Su inversión en Rosneft parece más propia de campeones estatales de la energía

Actúa como si tuviera un permiso directo del presidente Xi Jinping

CEFC China Energy está agravando la paranoia occidental con Pekín. La compañía privada ha surgido de la nada para comprar una participación de 7.700 millones de euros en la petrolera rusa Rosneft, el tipo de acuerdo que solía estar reservado para los campeones estatales de la energía. También ha sorprendido su intento de invertir en la correduría Cowen, de EE UU. Ahora, la enigmática firma podría pujar por la participación de Time Warner en un grupo de medios de Europa central. Está actuando como si tuviera un permiso para negociar emitido por el propio presidente Xi Jinping.

Los más críticos conChina argumentan que no existe una diferencia real entre las empresas estatales y privadas, ya que todas operan a instancias de Pekín. Exageran, pero CEFC ejemplifica eso en gran medida.

El comportamiento de CEFC se presta a la teoría de la conspiración. Opera en el estratégico sector energético, y hace negocios en mercados de riesgo como Rusia y África, con ayuda de los bancos centrales. El FBI ha acusado a Patrick Ho, vicepresidente de un lobby vinculado a CEFC, de sobornar a líderes africanos; CEFC niega estar implicada.

La compañía también hace negocios que molestarán seguro a sus rivales estatales, lo que sugiere que cuenta con apoyos de alto nivel. El petróleo de Rosneft se venderá a refinerías privadas que PetroChina y Sinopec quieren aplastar. Según los medios locales, Ye Jianming, fundador de CEFC, pudo conocer al presidente Xi durante su etapa en la provincia de Fujian.

Al tiempo, la operadora de energía exhibe excentricidades similares a las de otras firmas privadas como HNA. Por ejemplo, dice que su propiedad es colectiva, y defiende una filosofía interna que combina el taoísmo y el confucianismo.

Es todo muy confuso. La energía es claramente un asunto estratégico para Pekín, pero las marcas de cerveza, el fútbol y los hoteles checos no. No está claro si CEFC prioriza las ganancias o extiende la influencia china en la UE. Pekín acaba de frenar a muchas compañías del país con ambiciones foráneas. Pero si este es su nuevo modelo de inversión exterior, seguramente se producirán más malentendidos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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