Foto: Una imagen cada vez más difícil de ver: una mujer sin techo mendiga en el centro de Helsinki, en julio de 2008. (Reuters)
Una imagen cada vez más difícil de ver: una mujer sin techo mendiga en el centro de Helsinki, en julio de 2008. (Reuters)

29.09.2017 - 005:00 H. – Actualizado: 7 H.

Las personas sin hogar son cada vez más numerosas en casi toda Europa. El fenómeno está al alza en todos los estados miembros, con la única excepción de Finlandia, cuya estrategia de dar a los vagabundos una vivienda propia en lugar de alojamientos temporales está demostrando su eficacia. En el país nórdico hay hoy 1.200 sin techo menos que en 2008, dato que contrasta con el resto del continente, donde, según el último informe de la Federación Europea de Organizaciones Nacionales que trabajan con los Vagabundos (FEANTSA), el problema no deja de crecer.

En los últimos años, grandes ciudades como Bruselas, París, Londres, Dublín, Viena o Barcelona han detectado un incremento alarmante de las personas sin hogar. El encarecimiento de la vivienda, la precarización del trabajo, las políticas de austeridad y las crisis migratorias en un mundo cada vez más global son algunos de los factores que lo explican. En Francia, por ejemplo, los sin techo aumentaron un 50 por ciento entre 2001 y 2012, mientras que, en Atenas, la capital griega, uno de cada 70 habitantes vive sin hogar, muchos de ellos, a partir de 2011. A ello se añade la proporción cada vez mayor de los ingresos que las familias tienen que destinar a la vivienda, provocando el empobrecimiento de muchas de ellas.

El único lugar donde esto no pasa es Finlandia, cuyo plan a largo plazo para reducir el número de personas sin hogar está dando sus frutos. De los cerca de 20.000 sin techo que había hace treinta años se ha pasado a menos de 7.000, según datos de 2015. De ellos, además, el 80 por ciento pasa largas temporadas con parientes o amigos.

Bajo la influencia de la Unión Soviética y una incidencia del alcoholismo mayor que en otras latitudes, el fenómeno creció exponencialmente en los años de la Guerra Fría. Por esto, a finales de los 80, Finlandia decidió convertirlo en una prioridad nacional. Las estrategias seguidas desde entonces por los sucesivos gobiernos fueron muchas y muy variadas. Sin embargo, fue en 2008 cuando el país adoptó un enfoque mucho más radical. Se basa en el principio del Housing First (Vivienda Primero), que consiste en facilitar a los sin techo de larga duración una vivienda propia y estable en lugar de salir al paso con soluciones pasajeras. En otras palabras, se trata de acabar de raíz con el fenómeno en lugar de intentar gestionarlo.

“En los últimos ocho años, hemos puesto a disposición de este grupo unos 3.500 apartamentos“, explica Juha Kaakinen, presidente de Y-Foundation, una de las organizaciones sin ánimo de lucro que lleva a cabo el proyecto junto al Gobierno y las administraciones locales. En su opinión, más allá de haber apostado claramente por el Housing First, entre las claves del éxito figura “la amplia colaboración que ha habido desde el primer momento entre el estado, las autoridades locales y las organizaciones no gubernamentales involucradas”. “Partimos de una planificación muy concreta y las decisiones relacionadas con la financiación también se tomaron desde el inicio”, detalla.

Vista de un edificio típico de apartamentos finlandés, en Oulu, en 2014. (Reuters)
Vista de un edificio típico de apartamentos finlandés, en Oulu, en 2014. (Reuters)

El problema: conseguir casas

Una de las trabas para el éxito de esta estrategia es precisamente la escasez de vivienda. Con un mercado inmobiliario cada vez más agresivo, sobre todo en las grandes ciudades, constituye todo un reto conseguir pisos para los más desfavorecidos. Y sin viviendas disponibles es imposible aplicar el Housing First. En el caso de Finlandia, esta situación se da especialmente en el área metropolitana de Helsinki. Por esta razón era muy importante que el programa incluyera un plan muy concreto sobre cómo se iban a conseguir los pisos. Y se utilizaron todas soluciones posibles.

Se contó con vivienda social, pero también con pisos adquiridos en el mercado privado. Asimismo, los antiguos albergues y residencias destinados a vagabundos se transformaron en bloques de apartamentos individuales. Pensados para aquellos que necesitan un apoyo más intensivo, sus ocupantes son ex sin techo que pagan el alquiler como cualquier otra persona y, luego, si lo necesitan, reciben el apoyo de personal especializado in situ. “Para nosotros el principio de normalidad es importante. No importa que el inquilino sea un ex vagabundo. Tiene que pagar su renta. Y si no tiene ingresos o éstos son insuficientes, le ayudamos a solicitar el subsidio social al que tiene derecho cualquier persona en su misma situación”, señala Kaakinen.

Este experto insiste en que “un lugar permanente, privado y propio para vivir es crucial para el bienestar de cualquier individuo“. En base a su experiencia, esta solución va al origen porque les da estabilidad, les ayuda a tomar las riendas de su propia vida y a asumir sus propias responsabilidades. Es un punto de partida que les coloca en una situación mucho más favorable para solucionar los demás problemas que puedan tener.

“Años atrás, se tendía a seguir una estrategia con poca visión de futuro”, valora. “Se pensaba que para que estas personas pudieran tener acceso a una vivienda propia, antes tenían que superar sus otras carencias“, como adicciones, falta de salud, trabajo. “La implantación del Housing First demuestra que lo más eficaz es justo lo contrario, puesto que los servicios de apoyo que reciben, como la ayuda a la desintoxicación o la inserción en el mundo laboral, suelen ser mucho más efectivos si primero resolvemos su derecho a una vivienda digna”. Para este experto, la explicación es lógica: “Cualquier tipo de tratamiento o rehabilitación será más eficaz en unas condiciones de vida adecuadas. La seguridad del hogar da la oportunidad a estas personas de centrarse en otras cosas”.

Otro punto importante del programa pasa por evitar la segregación, intentando que las personas que antes no tenían hogar vivan mezcladas con el resto de la sociedad, en edificios en los que viven familias sin especiales problemas económicos. “Conseguirles vivienda en comunidades mixtas es más fácil cuando cuentas con una estructura residencial basada en este principio”, explica Kaakinen, que detalla que, en Finlandia, la norma obliga a ubicar al menos un 20% de vivienda social en todas las áreas de nueva construcción”. Aunque esta opción no es la que prefieren todos. “Algunos temen sentirse solos o aislados y prefieren alojarse en unidades residenciales con personal de apoyo”, detalla. Por esto, “el programa trata de dar a cada uno la solución que más se adapta a su perfil y a sus necesidades”.

Juha Kaakinen, presidente de la Y-Foundation
Juha Kaakinen, presidente de la Y-Foundation

Más barato a largo plazo

En todo caso, construir o adquirir pisos cuesta dinero. Es fácil alegar que una solución como esta sólo es posible en países ricos como Finlandia. Kaakinen, no obstante, lo desmiente y afirma que el Housing First no sólo es la respuesta más eficaz, sino también la más barata. Hay que planificar bien la estrategia y contar con fondos. Pero “a la larga, acaba saliendo a cuenta”, asegura.

Para demostrarlo, cita una evaluación realizada por la Universidad Técnica de Tampere, según la que este programa permite al Estado ahorrar, al menos, 15.000 euros por vagabundo al año. La razón principal está en que un hogar en condiciones y una buena gestión de los servicios que reciben estas personas disminuye el gasto en caras medidas de emergencia, tales como intervenciones policiales o la asistencia médica y social de urgencia, que son el tipo de actuaciones que tienden a tomarse cuando estas personas viven en la calle.

Con todo, los resultados hablan por sí mismos. Tras casi diez años de aplicación, “en Finlandia ya no existe el fenómeno de los vagabundos en la calle y éste es el logro más importante del programa. Sólo ocasionalmente, especialmente en verano, puede que encontremos a alguien durmiendo fuera por diversas razones. Pero podemos afirmar que esto ya no constituye un problema“, conluye Kaakinen.

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