El Papa evitó pronunciar la palabra “rohingyas” pero aludió a la crisis. Foto: Reuters

NAYPYITAW.- Evitó pronunciar la aquí prohibida palabra “rohingya”. Pero en su primer y esperadísimo discurso político en Myanmar, ante autoridades del país y ante “la consejera de Estado” y premio Nobel, Aung San Suu Kyi, el Papá sí aludió concretamente a esta minoría musulmana brutalmente discriminada, al recordar la importancia de “garantizar el respeto de los derechos de quienes consideran esta tierra su hogar”.

Aunque no mencionó la palabra tabú, con esta frase se refirió a esta minoría islámica, oficialmente discriminada, que no es reconocida entre las 135 etnias de Myanmar, y es considerada como inmigrante ilegal desde el vecino Bangladesh.

En un discurso en el que también exaltó el valor de la democracia -en un país aún en transición, después de 60 años de dictadura militar-, destacó asimismo la importancia de la justicia y el respeto a los derechos humanos de todos los grupos.

El Papa evitó pronunciar la palabra “rohingyas” pero aludió a la crisis. Foto: Reuters

“El difícil proceso de construir la paz y la reconciliación nacional sólo puede avanzar a través del compromiso con la justicia y el respeto de los derechos humanos”, dijo Francisco . “El futuro de Myanmar debe ser la paz, una paz basada en el respeto de la dignidad y de los derechos de cada miembro de la sociedad, en el respeto por cada grupo étnico y su identidad, en el respeto por el estado de derecho y un orden democrático que permita a cada individuo y a cada grupo – sin excluir a nadie- ofrecer su contribución legítima al bien común”, agregó.

Según la ONU y otros organismos internacionales, los rohingyas han sido víctimas de una “limpieza étnica”. En una brutal respuesta del ejército a unos atentados de un grupo insurgente musulmán ligado a esta minoría, en agosto pasado, sus poblados y casas fueron incendiados, y al menos 600.000 escaparon a Bangladesh.

Consciente de que sus palabras serían miradas con lupa por los militares, que controlan este país de mayoría budista, el Papa fue diplomático en el primer discurso de esta gira, de enorme valor político.

Por la inclusión

Al margen de afirmar que vino para alentar a la pequeña “pero ferviente” comunidad católica de Myanmar -donde sólo el 1% de los 52 millones de habitantes son católicos-, subrayó que también vino a animar a todos “aquellos que están trabajando para construir un orden social justo, reconciliado e inclusivo”. Estas palabras significaron un claro respaldo a Su Kyi, llamada aquí “la dama”, en los últimos meses duramente criticada por la comunidad internacional por su silencio ante la crisis de los rohingyas, según muchos “inventada” por los militares para sacarla del poder.

El Papa evitó pronunciar la palabra “rohingyas” pero aludió a la crisis. Foto: Reuters

“Myanmar ha sido bendecido con el don de una belleza extraordinaria y de numerosos recursos naturales, pero su mayor tesoro es sin duda su gente, que ha sufrido y sigue sufriendo a causa de los conflictos civiles y de las hostilidades que durante demasiado tiempo han creado profundas divisiones”, dijo el Papa. Su discurso, pronunciado en italiano, era traducido al idioma local en dos pantallas gigantes del inmenso Convention Center de esta gigantesca y surrealista capital, construida por los militares en medio de la nada en 2005, en reemplazo de Rangún.

“Ahora que la nación está trabajando por restaurar la paz, la curación de estas heridas ha de ser una prioridad política y espiritual fundamental”, afirmó el Papa, que agradeció los esfuerzos del gobierno de Su Kyi para afrontar este desafío. En este sentido, mencionó la Conferencia de Paz de Panglong, organizada por Suu Kyi en agosto de 2016, reuniendo a representantes de distintos grupos, como había hecho su padre, el general Aung San, asesinado en 1947 por opositores políticos.

A su turno, Su Kyi, que fue recibida dos veces en el Vaticano por Jorge Bergoglio, con quien evidentemente tiene sintonía, agradeció la visita de Francisco, el primer pontífice que pisa Myanmar, meses después del establecimiento de relaciones diplomáticas, en mayo último.

En su discurso “la señora”, que recordó que de niña estudió en una escuela católica de Rangún, destacó que Myanmar enfrenta numerosos problemas. Entre ellos, los relativos al estado de Rakhine, “que más fuerte han captado la atención internacional”, indicó, aludiendo ella también, sin mencionarla, a la dramática crisis de los refugiados rohingyas, que ahí viven mayoritariamente. Se trata de una crisis considerada aquí tan sólo uno de los varios enormes problemas de este país multi-étnico y multirreligioso, como destacó Su Kyi.

El Papa evitó pronunciar la palabra “rohingyas” pero aludió a la crisis. Foto: Reuters

Sobre las diferencias religiosas

El Papa, que fue aplaudido al final de su esperado discurso, también destacó el papel crucial de las comunidades religiosas para la “gran tarea de reconciliación e integración nacional”. “Las diferencias religiosas no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación”, sentenció, en otra alusión a lo que algunos consideran una “guerra de religión” entre los budistas y los musulmanes.

El Papa llegó a esta capital, construida como Brasilia en medio de la nada, entres campos de arroz y cañas de azúcar, a las 15 locales (9 horas y medio más que en la Argentina), procedente de Rangún, donde por la mañana se reunió en el arzobispado con líderes budistas, islámicos, hindúes, católicos y uno de la comunidad judía local. “No tengamos miedo a las diferencias. Construyan la paz. No se dejen igualar por la colonización”, les pidió Francisco.

Naypyitaw, que significa “sede de los reyes”, se levanta en la orilla del lago Shan, a unos 320 kilómetros al norte de la ex capital, Rangún. Conocida también como “ciudad fantasma”, impresiona por sus enormes construcciones, avenidas con varios carriles, rotondas, todas muy vacías y un clima surrealista. “Fue construida por los militares por seguridad, para estar más protegida en caso de una invasión extranjera”, explicaron a LA NACION locales. No por nada el gigantesco Palacio Presidencial, donde el Papa tuvo una ceremonia de bienvenida oficial y se reunió, por separado, con el presidente Htin Kyaw y Suu Kyi, se levanta en el medio de un complejo de 31 edificios gigantescos, muy parecidos, que forman la zona de los ministerios. Se trata de una sitio separado del resto de la ciudad, rodeado, como si se tratara de un castillo medieval, de una zanja que puede atravesarse con largos puentes, distanciados los unos de los otros: el objetivo es proteger el cuartel general político de Myanmar de eventuales ataques, otra obsesión de los aquí aún poderosos militares.

El Papa evitó pronunciar la palabra “rohingyas” pero aludió a la crisis. Foto: Reuters
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