Otros tiempos: Correa cuando todavía era presidente junto a Moreno
Otros tiempos: Correa cuando todavía era presidente junto a Moreno.

“Es un traidor”, “nos engañó”, “es un lobo disfrazado de oveja”. La ira de Rafael Correa contra el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, aumenta a medida que su ex delfín intenta borrar su legado. Aliados en el pasado, los líderes libran una severa disputa que fracturó al partido oficialista. Con el retorno de Correa al país, previsto para este fin de semana, se esperan nuevos capítulos de la batalla.

El ex presidente, que vive en Bruselas con su familia, anunció ayer en una entrevista (ver aparte) que su plan es expulsar a Moreno de Alianza País (AP), el partido que está en el poder.

Dividido entre “correístas” y “leninistas”, AP celebrará su convención el 3 de diciembre en Esmeraldas. Allí, con la presencia de Correa, los dirigentes de la formación intentarán destituir a Moreno, una jugada que ya hicieron a principios de mes, pero que luego fue desconocida por el Consejo Nacional Electoral (CNE).

Las diferencias entre Correa, que gobernó el país durante diez años, y su elegido para sucederlo empezaron a brotar el mismo día de la asunción de Moreno, el 24 de mayo pasado. En su discurso, el nuevo presidente se presentó como alguien conciliador y abierto al diálogo, un estilo muy distinto al de su antecesor.

En ese discurso no hubo críticas a la “revolución ciudadana”, el proyecto de gobierno de Correa, del cual Moreno también formó parte (fue vicepresidente entre 2007 y 2013), pero el mandatario no tardó en reprochar el legado de su padrino político.

Dos meses después, el 28 de julio, en cadena nacional, dijo que no existía la supuesta “mesa servida” que le había dejado Correa. Describió la situación económica como “crítica” y sostuvo que las deudas del Estado, que para Correa sumaban 27.871 millones de dólares, ascendían en realidad a 57.788 millones.

Además del excesivo endeudamiento, el presidente se encargó de desnudar el relato, explica José Hidalgo Pallares, Director de la Corporación de Estudios para el Desarrollo (Cordes).

“Básicamente, en este tiempo mucha gente se dio cuenta de que el éxito del modelo estaba basado en el precio del petróleo; cuando cayó el precio, se cayó el modelo”, dice Hidalgo Pallares.

Moreno no solo criticó el manejo económico, habló de la corrupción generalizada, del derroche de recursos y de la ineficacia de muchas políticas públicas del gobierno anterior. También cuestionó la acumulación de poder de Correa y su estilo autoritario.

Desmontaje

“Estamos viviendo el desmontaje de la narrativa del gobierno de Correa de que vivimos una «década ganada», de refundación nacional. Todo ese discurso optimista y de autoelogio de lo que fue el gobierno en los últimos años ha sido y es sistemáticamente golpeado por las denuncias que hace Moreno en torno a lo que él recibió”, explica a LA NACION el sociólogo ecuatoriano Felipe Burbano, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Según Burbano, el gran cambio que introdujo Moreno es un nuevo estilo de gobierno. “Hay un clima político distinto en Ecuador alejado de ese ambiente de confrontación, de antagonismo permanente que desarrolló Correa”, dice.

Para Hidalgo Pallares, es gracias a este nuevo estilo basado en el diálogo que Moreno logra mantener su popularidad en torno al 70%. Pero el experto añade que esta señal de cambio contrasta con algunas de las acciones de Moreno. Entre ellas, sostener al equipo económico del gobierno anterior, no tomar medidas para limitar el gasto público y aumentar los impuestos y aranceles del sector privado.

Donde sí hubo cambios es en la lucha contra la corrupción, una de las banderas de Moreno. Luego de las investigaciones por el caso de la empresa brasileña Odebrecht, cayó el vicepresidente Jorge Glas, figura clave del correísmo. Glas está en prisión preventiva acusado de asociación ilícita y será juzgado junto con otras 10 personas.

La encarcelación de Glas provocó la ira de Correa, pero el punto cúlmine de la batalla con Moreno es la consulta popular que el presidente realizará el año próximo, en la cual los ecuatorianos deberán responder a siete preguntas. Los ojos de todos estarán puestos en una en particular: si los ciudadanos están dispuestos a eliminar la reelección indefinida de la Constitución, introducida por Correa.

“Esa pregunta la incluyó Moreno para quitarle a Correa cualquier posibilidad de volver al poder. Lo que está haciendo es como una invitación a un parricidio”, dice Burbano.

Mientras tanto, Correa prepara el terreno. Consultado por AFP sobre si plantea volver a postularse a la presidencia, ayer dijo que su intención era retirarse de la política, pero dejó la puerta abierta para postularse en las elecciones de 2021 y defender así su legado.

Del otro lado, Moreno desafió a su ex jefe. “Venga, por favor, y haga una concentración acá en Quito”, dijo, donde “la ciudadanía de forma respetuosa pero contundente le dirá lo que piensa de los últimos años de su mandato”.

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