Los propios investigadores la llaman la tortuga ‘viajera’, pero el periplo de Algorachelus peregrinus, como la han denominado, no empezó en Algora (Guadalajara, España), donde ha sido descubierta recientemente, sino en África durante el Cretácico superior.

“No se trata de una tortuga cualquiera, sino que, como su nombre indica, nos aporta las claves necesarias para relatar cómo se produjo una exitosa migración que ocurrió hace unos 95 millones de años y que tendría drásticas consecuencias”, explica a Sinc Adán Pérez-García, investigador en el Grupo de Biología Evolutiva de la UNED.

Hace millones de años, la distribución de los continentes no era tal y como la conocemos ahora. La ruptura de Pangea –el supercontinente que se formó hace cerca de 300 millones de años– dio lugar a dos grandes masas continentales: Gondwana –en la que se unían al sur las actuales África y Sudamérica, entre otras regiones– y Laurasia –que comprendía al norte a Europa y Norteamérica, entre otros–.

“Este aislamiento geográfico permitió el desarrollo de linajes de animales independientes en ambas masas continentales”, cuenta Pérez-García, único autor del estudio publicado en el Journal of Systematic Palaeontology. Desde el Jurásico las tortugas se clasificaron en dos grupos: Cryptodira (terrestres, marinas y de agua dulce) y Pleurodira (ríos y ambientes costeros).

La tortuga ‘viajera’, ahora extinta, pertenece a este último y su origen fue africano. Pero, según el hallazgo, estos reptiles se fueron adaptando desde medios puramente dulceacuícolas hasta ambientes marinos costeros. “Así se fueron desplazando hasta llegar a Laurasia, concretamente a Europa, mucho antes de lo hasta ahora considerado”, recalca el paleontólogo.

Estas tortugas se establecieron en el nuevo continente, donde se convirtieron en las reinas de los ríos y los ambientes costeros y se hicieron muy abundantes y diversas hasta el final del Mesozoico, hace unos 65 millones de años. Prueba de ello es la identificación de un cráneo y de numerosos fósiles, incluyendo caparazones, en Guadalajara, que hacen de esta tortuga la pleurodira mejor representada del registro mesozoico europeo.

En otro estudio, publicado en la revista Cretaceous Research, el descubrimiento de otros restos fósiles de un caparazón en Nazaré (Portugal) ha permitido aportar más datos sobre esta migración desde África.

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Reconstrucción de Algorachelus peregrinus en un ambiente costero de Laurasia hace 95 millones de años. (Foto: José Antonio Peñas / SINC)

“Su hallazgo nos ha permitido conocer que el reemplazamiento faunístico ya había comenzado en ese momento. Algorachelus corresponde a la primera forma de Pleurodira reconocida en los continentes del hemisferio norte (Laurasia)”, subraya Pérez-García, también primer autor de este trabajo.

Según los científicos, entre los que también participan investigadores de la Universidad de Alcalá y centros portugueses, el viaje que realizó fue un “éxito” porque no concluyó en España. Algorachelus y otras tortugas estrechamente relacionadas con ella siguieron su periplo hasta Estados Unidos. (Fuente: SINC/Adeline Marcos)

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