Comisario investigaba misteriosa muerte en la playa. Se entregó al descubrir que él fue el “asesino”

El francés Robert Ledru investigaba el caso, en 1887, cuando se percató de unas extrañas huellas de pies sin pulgares y se dio cuenta de todo.

Cuando escuchamos la historia de una persona que investiga un homicidio que ella misma cometió, pareciera que estamos viendo una película de suspenso o leyendo un novela de suspenso donde el policía es un vil mentiroso involucrado en un esquema de corrupción, una mafia, una red de tráfico de drogas o incluso todos al mismo tiempo.

Pero un caso así puede ocurrir en la vida real… y ocurrió. El insólito caso fue en Francia, hace 130 años.

Autor desconocido. Ayúdanos a encontrarlo.

En 1887 el oficial francés Robert Ledru, inspector jefe de la Sûreté Nationale (actual Policía Nacional francesa), encontró un cadáver en la arena de una playa y, al examinarlo, no encontró ninguna prueba conclusiva y huellas que se dirigían a direcciones dispares.

Pero un detalle lo sorprendió y enrojeció su rostro: las huellas no tenían pulgares.

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Ledru pidió que se hicieran moldes de yeso de las huellas, para no perder esa evidencia de la escena del crimen, pero parece que fue sólo una formalidad.

Porque el inspector después se ensimismó y entró en un extraño estado pensativo, mientras otros policías investigaban la escena.

De pronto, Ledru pidió que interrumpieran la investigación. Él había descubierto quién era el culpable...

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… porque se había percatado de que él mató a la víctima.

Además de la extraña huella, el policía se fijó en la bala de su pistola y descubrió que coincidía con la que mató a la persona. Entonces se presentó a la comisaría y allí se sacó los zapatos, exhibió sus pies sin pulgares y mostró que a su pistola le faltaba una bala. Y esa bala fue la que perforó el pecho de la víctima.

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Sus superiores, incrédulos ante una situación tan insólita, decidieron hacer un experimento: colocaron a Robert Ledru en una habitación con un revólver de balas de fogueo (sin proyectiles, sólo con los cascos).

Y él, por la noche, se levantó en un estado sonámbulo y le disparó al guardia que lo custodiaba.

Al no tener proyectil, el disparo no hirió al guardia. Y de paso mostró que todo fue un accidente: Robert Ledru era sonámbulo y disparó mortalmente a la víctima en ese estado.

Fue, literalmente, un infortunio fatal.

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