Un conflicto interno, que estuvo a punto de convertirse en una batalla urbana a tiros entre los secesionistas de la denominada República Popular de Lugansk (RPL), ha concluido con la designación del jefe de los servicios de seguridad locales, Leonid Pasechnik, para sustituir a Igor Plótnitski, el exempresario y funcionario que presidía el territorio tras su elección en noviembre de 2014. Para los separatistas y para Rusia, que los apoya, Plótnitski se había convertido en un punto vulnerable y un elemento desestabilizador.

El enfrentamiento entre los líderes secesionistas de la RPL es interpretado por analistas rusos como una proyección local de correlación de fuerzas en Moscú, que se ha saldado con el triunfo de los órganos de seguridad.

Las llamadas “repúblicas populares” de Donetsk (RPD) y Lugansk son dos territorios desgajados de las provincias ucranias del mismo nombre y están controladas por secesionistas que se autoproclamaron independientes de Kiev en mayo de 2014. Las “repúblicas” cuentan con la ayuda económica, política y militar de Rusia, a través de su frontera común. El marco internacional para resolver el conflicto por la vía política son los acuerdos de Minsk, suscritos en febrero de 2015 por Ucrania, Rusia, Alemania y Francia, bajo la égida de la OSCE. El objetivo de estos acuerdos es la reintegración a Ucrania de los territorios secesionistas tras el fin de una guerra que ha afectado a siete millones de personas, ha causado más de 10.000 muertos, enorme destrucción y la ruina de una importante región minera e industrial.

Pese a los propósitos iniciales de formar una unidad territorial común (como parte de un plan expansionista más ambicioso), la RPD y la RPL funcionan hoy como dos entidades separadas con sus propias administraciones políticas. Estas administraciones están controladas por “tutores” procedentes de distintos departamentos de la Administración rusa. Los “tutores” de los líderes civiles (como Plótnitski) dependen de Vladislav Surkov, el ayudante de Vladimir Putin, y son diferentes a los tutores militares que están vinculados al Servicio Federal de Seguridad y el Ministerio de Defensa.

Bloqueados militar y económicamente por Kiev y dependientes de Moscú, los líderes secesionistas cumplen las directrices del Kremlin, que actúa de acuerdo con sus propias consideraciones geoestratégicas. En nombre de la causa común (entre otras cosas mantener la unidad y evitar una excesiva insatisfacción social), Rusia interviene discretamente entre bastidores para allanar o resolver los enfrentamientos y tiranteces internas que ocasionalmente se producen entre los jefes de una u otra “república”.

Los sucesos que han culminado con el cese de Plótnitski se iniciaron cuando este acusó a su ministro del Interior, Igor Kornet, de haber requisado un lujoso chalé para su propio uso. Kornet, a su vez, acusó al entorno de Plótnitski de colaborar con los servicios secretos de Ucrania. La tensión fue subiendo, pero el 21 de noviembre, soldados enmascarados de uniforme tomaron todos los edificios administrativos en la ciudad de Lugansk, adonde llegaron columnas de decenas de vehículos militares procedentes de la RPD. Tras varios días en vilo, Plótnitski renunció a su cargo por su “estado de salud” y el sábado, Pasechnik fue nombrado “presidente en funciones”. Ayer el nuevo dirigente tranquilizó a la opinión pública sobre el telón de fondo del recrudecimiento de los combates y nuevas víctimas en la zona de contacto entre el territorio leal a Kiev y el territorio separatista. Pasechnik afirmó que la RPL sigue comprometida con los acuerdos de Minsk.

Entre las muchas incógnitas a clarificar en estos sucesos, está el papel jugado por Moscú en el conflicto entre Plótnitski y su ministro, Igor Kornet. En Lugansk, varios de los “comandantes” separatistas perecieron víctimas de atentados, y conocedores de la situación opinan que Plótnitski, como mínimo, está implicado en alguno de los casos que han costado la vida a personajes “carismáticos” con ideas propias o posibles competidores. Putin no abandona a los separatistas, pero se resiste a integrarlos en Rusia, como ellos quisieran. Para el Kremlin, de momento, la RPD y RPL son un instrumento para ejercer presión sobre Ucrania y obligarla a reformar su sistema político.

El nuevo “hombre fuerte” de Lugansk es hijo de un policía soviético, que sirvió en la vigilancia los yacimientos de oro en la provincia rusa de Magadán. Pasechnik llegó a ser teniente coronel en el servicio de seguridad de Ucrania (SBU) y fue condecorado por su contribución a la lucha contra el contrabando. En la primavera de 2014, era jefe del SBU en la localidad de Stajánov (controlada ahora por la RPL).

Poco antes de estallar el conflicto, Plótnitski recibió una llamada de Putin, para pedirle que colaborara en el intercambio de prisioneros que se negocia con Ucrania. Según el consejero del jefe del Servicio de Seguridad de este país, Yuri Tandit, de momento contempla un intercambio de 74 rehenes encarcelados por los secesionistas a cambio de 306 personas encarceladas por Ucrania.

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