En 2014, China anunció que permitiría a empresas privadas la construcción y el lanzamiento de satélites, lo que dio pie a que los empresarios del país intentaran acceder a la industria.

Roger Zhang rechaza el apodo del “Elon Musk de China” que le ha puesto la prensa de su país. El consejero delegado de Landspace – una de las start-ups chinas que desarrollan satélites propulsados por cohetes – prefiere mantenerse en un discreto segundo plano. “El desarrollo de esta tecnología es bastante lento. No queremos desvelar nada hasta que no estemos completamente seguros de que funciona”, explica.

En 2014, China anunció que permitiría a empresas privadas la construcción y el lanzamiento de satélites, lo que dio pie a que los empresarios del país intentaran acceder a una industria que, a nivel global, tiene un valor de 420.000 millones de dólares. Aun así, los pioneros prefieren obrar con cierta cautela, en fuerte contraste con las start-ups estadounidenses como SpaceX, de Musk. En los últimos tres años han surgido decenas de empresas relacionadas con satélites, según Lan Tianyi, que opera en una de las primeras consultoras de satélites privados del país, Ultimate Blue Nebula. “La industria aeroespacial solía estar caracterizada por el secretismo porque estaba dominada por el Gobierno y el ejército. Hasta ahora, no gozaba de mucha popularidad entre las empresas por las elevadas posibilidades de fracaso”, explica Lan. En lugar de buscar clientes del Gobierno o del Ejército, las start-ups del sector recurren a lucrativos contratos de satélites comerciales. En su día dominado por empresas de EEUU y Rusia, el espacio comercial atrae a empresas de India y China que buscan un trozo de este lucrativo pastel.

En el sector espaciaI de China, el número de lanzamientos al espacio ha aumentado desde 2010, lo que hace que el número total de satélites lanzados desde el país en los últimos 50 años ascienda a 190. Las empresas privadas aseguran que tienen intención de lanzar más de 20 satélites al año durante los próximos dos años. China tiene una cuota especial del 3% pero su objetivo es llegar al 10% para 2020, según la prensa del país. Los empresarios chinos suelen lanzar unos pequeños satélites conocidos como CubeSats, que utilizan las universidades para hacer investigaciones y que también sirven de refuerzo en las redes de telecomunicaciones. Al tener un coste de lanzamiento inferior, las empresas privadas de satélites pretenden lanzar satélites más sofisticados en el futuro que competirán con los de las compañías occidentales. Además, el Gobierno está desarrollando el sistema de navegación Beidou, la alternativa china al Global Positioning System (GPS) operado por EEUU.

Mientras los proveedores de satélites chinos han encontrado varios clientes en los países emergentes, se enfrentan a un cierto recelo de los países desarrollados, sobre todo de EEUU, que controla la exportación y la importación de satélites por encima de su capacidad. En junio, los reguladores canadienses recibieron numerosas críticas por la aprobación de la venta de Norsat – una empresa canadiense de satélites que ofrece servicios a muchos organismos públicos como el departamento de Defensa de EEUU.

De vuelta a China, los analistas del sector creen que los cohetes de Landspace se parecen a los Long March 11, diseñados por la China Aerospace Science and Technology Corporation. El rápido desarrollo de la industria espacial privada de China forma parte del intento del Gobierno de integrar la cooperación civil y militar en materia tecnológica. El sector espera desarrollar tecnologías que creen un programa espacial que quiere llevar al hombre a la luna en 2030. “Podemos desarrollar tecnología de forma más rápida y a precios más baratos que las empresas estatales”, concluye Yang, de Spacety.

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