El “buen vividero” de Colombia, la ciudad donde la clase social no importa

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Hay ricos y pobres, como en todo el país, pero la brecha no es tan evidente como en el resto de ciudades. Bucaramanga, en el oriente de Colombia, es de esos lugares que algunos llaman un “buen vividero”. Es considerada por el Banco Mundial como uno de las ciudades más competitivas del mundo y no es tan fácil, como en otras urbes del país, ver la división por estrato socioeconómico. Vivir en determinado barrio no revela cuánto dinero se tiene, como sí ocurre en ciudades como Bogotá o Cartagena.

‘La ciudad bonita’, como se la conoce, tiene uno de los índices de pobreza monetaria más bajos del país (9,1%) y aunque la inflación está por encima de la media nacional (cerró 2016 con 5,88%), disminuyó frente a 2015, cuando estuvo en 6. Con cerca de 1,1 millones de habitantes (incluida su área metropolitana), el 55,9% pertenece a la clase media, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Lo que significa que la mayor parte de la población recibe salarios superiores al mínimo nacional.

Claudia Ramírez, periodista por varios años de un medio local, dice que lo que muestran las cifras se evidencia en la calle. “No es tan notoria la pobreza, aunque no se puede negar que existe. Tal vez porque la gente es muy trabajadora no es usual ver personas mendigando, como ocurre en otras ciudades capitales”. En el último informe del DANE que mide la ocupación laboral en el país, Bucaramanga se ubicó en el segundo lugar con 8,3%, después de Barranquilla, que logró una tasa de desempleo de 7,2%.

César Hernández, director de la agencia de inversión extranjera Invest in Santander de la Cámara de Comercio de Bucaramanga, destaca lo que han sido las dos últimas décadas para la región. “Santander (cuya capital es Bucaramanga) ha crecido al 5,2% y Colombia 4,1%. Hemos ganado cinco puestos en participación del PIB. Se ha sentido cómo la alianza entre el sector privado y el público ha sido clave para el desarrollo regional”, dice.

Erick Ramos, miembro del equipo que durante diez años investigó varias ciudades del mundo para, en el 2015, publicar el primer informe sobre ciudades competitivas del Banco Mundial, en el que la única colombiana que clasificó fue Bucaramanga. “Es una ciudad que está creciendo más rápido que el resto del país. Ha sido capaz de generar alianzas entre el sector público y privado y lograr estrategias a largo plazo sin importar quién sea el mandatario, va más allá de lo político”, señala Ramos a EL PAÍS.

“En los llamados barrios populares, la gente vive con comodidades. En muchos casos son comerciantes, con buenos ingresos que por costumbre o tradición no se han mudado a otras zonas. Un gran porcentaje de la población de clase media mantiene vínculos con la clase alta como no se ve en otras ciudades”, dice Wilson Carreño, habitante de la ciudad. La brecha o intensidad de la pobreza, que mide el DANE como la cantidad de dinero que le falta a una persona en situación de pobreza para dejar de ser pobre llegó en el 2015 (último informe) a 6,3% en Santander frente a 6,5% en 2014. En el país este indicador fue de 10,3%.

Para Hernández, de la Cámara de Comercio, aunque la región está en deuda con la formalización laboral, las nuevas generaciones están empezando a liderar estos procesos. “El 95% de los negocios se mueven en micro y pequeñas empresas, mientas en el resto del país se llega al 90%. Al año en región se registran 17.000 empresas nuevas y la mayoría sobreviven a más de tres años de operación”. El comercio se mueve desde el negocio del cuero, allí están las fábricas más grandes de calzado, hasta la oferta en servicios de salud (la Fundación Cardiovascular es el segundo mejor centro hospitalario del país). Además, con la creación en el año 2006 del Parque Nacional del Chicamocha, uno de los pocos parques naturales destinados al ecoturismo, se ha intentado atraer más gente a la región.

Los caminos de Santander han sido incluidos en el plan de corredores turísticos, que este año promueve el Ministerio de Comercio, Industria y Comercio. “Debemos creernos el cuento de que tenemos mucho por explorar y mostrar”, dice Hernández. Algunos ya se lo han empezado a creer. “Recorriendo la ciudad uno se da cuenta de eso. No pasa como en otras ciudades que hay partes que es mejor esquivar. Acá no, uno camina y todo es parejo”, dice Wilson Gómez, propietario de un restaurante en Bucaramanga.

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